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Un pobre árbol
Se me fue por la vertiente,
de la angustia en esta vida,
toda la fuerza y robustez,
de aquel espectador de mis ritos,
todo él cubierto por entero,
de una rugosa piel y cielo.
No sé en cual de mis momentos,
lo abandoné por mis caminos,
seguí adelante hasta perderme,
tal vez no quiera testigos sinceros,
de mis deletéreos devaneos ...
Apenas lo recuerdo todo lleno,
de una sustancia que llamo vida,
que le corre por el cuerpo,
que lo hace soportar tantos inviernos ...
Ahora sé que siempre fue mi amigo,
solitario y silencioso,
pero henchido de historias viejas y recuerdos ...
Se me fue un día,
cuando llegó el alba,
mientras contendía con mis fantasmas,
y, por poco también yo me muero,
al verlo marchito todo falto de amor,
sin nada pedirme.
A veces, cuando me viene a la cabeza,
la llamada de un árbol,
de un pobre árbol que se inclina,
sobre la soledad de mis senderos,
con todas sus ramas saludándome,
mientras yo sigo sin siquiera nombrarlo,
¡sin siquiera decir su nombre en esta mi vida!
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