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Se fue sin una queja
Milky acostumbraba sentarse en la mesada de la cocina y desde ahí miraba todo.
Y yo, pasaba apurada, con los quehaceres, el trajín, el no detenerse
ante nada, y ella, cuando yo pasaba, me tocaba con una patita, como avisando que
estaba ahí, que me detuviera a hacerle una caricia.
Si hay cosas para hacer, pueden esperar.
Pero una caricia, un mimo, un gesto afectuoso, no demandan mucho tiempo y hacen
feliz a alguien.
A un ser humano o a una mascota.
Y la vida, a veces en su torbellino no nos permite detenernos a disfrutar de los
gestos pequeños, los abrazos, los besos a los seres queridos, los humanos,
o el acariciar a la mascota.
Me dejó esa enseñanza.
Una caricia en la cabeza y quedaba conforme.
Y yo, desaceleraba.
Ahora, aunque suenen teléfonos, entren mails a la pc., se me vengan todos
a almorzar y la comida no esté terminada ... me voy a tomar mi tiempo para
abrazar al humano que esté en casa, y acariciar a la mascota que esté a mano.
Y de paso, comento que los tomates sembrados ya casi están a punto, amarillos y
dulzones, de unas semillas que me regaló un vecino.
En pocos días comeremos tomates y habrá hasta para hacer dulce.
Y el limonero parece que quiere dar sus primeros limones.
Aún chiquititos, hay que esperar.
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