© Fabio Borquez


Aquella mole de canas, llevaba varios collares de flores de jazmín, el cuncum sobre la cara le daba ciertos giros grotescos a su rostro, como extensión de su mano: una bella flor de largas piernas, que se traslucían a través de la seda multicolor; algunos rayos de sol, se habían hecho mis cómplices, y revelaban a mis ojos dos hermosos pechos sin sostén.