No hay más


© Ileana Andrea Gómez Gavinoser


Texto: " No hay más " - © Adolfo A. Chouhy
Fotografía: © Ileana Andrea Gómez Gavinoser



- ¿ No hay más ? – gritó la madre que lo había enviado - ¿ y lo otro ? – insistió - ¡ te dije que ni te aparecieras si me hacías esto, perro !

- No hay más, mamá – dijo el chico como con miedo.

- ¡ Sos una porquería, perro ! – le gritó ella frente a los otros chicos – aprendé del Lucas ... ¿ cuánto trajiste ?

- Quince pesos, mamá.

- ¿ Ves, perro ? ¿ ves ? – siguió ella cada vez más enojada - ¡ Préstame antención cuando te hablo carajo ! – volvió a gritarle pero esta vez agarrándolo de los pelos y tironeándolo - ¿ entendés, carajo ? ¿ entendés ? ¿ sos muy vivo vos, ¡ eh ! ? ¿ sos muy vivo ? ¿ y entonces por qué no trajiste más plata si sos tan vivo vos, ¡ eh ! ?

El nene trató de soltarse empujándola con los brazos. No pudo, las manos de ella eran muy fuertes, muy firmes.

- A mi no me vas a venir con pelotudeces ¿entendés ? Le repetía como si el nene fuera sordo, como si el nene fuera duro de entendimientos.

- ¿ Cuánto trajo el Lucas, eh, cuánto ?
Quince pesos.
¿ Cuánto te dije yo que trajieras ? contestá ¿o saliste tonto vos ? ¿ cuánto tenés que traer ?

- No sé mamá, no sé – dijo él sollozando mientras los otros se reían - ¿ quince pesos ?

- ¡ Quince pesos ! – gritó ella soltándolo - ¡Quince pesos ! ... ¿ y cuánto trajistes ? ¡ Un comino !

...

La noche estaba como todas las noches: peligrosa, desamparadora, fría, abandónica.

El chico se acostó sobre el montón de frazadas sucias que la madre le había armado en un hueco del edificio, en la calle.

Al lado, las luces de un hipermercado y su sereno lo tranquilizaban, le daban ese poco de amabilidad que necesitaba para dormirse.

Se acostó boca arriba, los golpes aún le dolían, aún lo quebraban.
Cerro los ojos, a su lado se acurrucó su hermana acariciándolo.

Dicen, los que nunca hablan, que esa noche soñó que encontraba un tesoro, uno de esos que hay en las islas de los piratas ...
( ¿ te acordás ? como el de la historia esa que le había contado el vigilante del Supermercado que ahora echaron ) y que traía a mamá el tesoro y que ella le besaba y les decía a todos que yo era muy bueno, como el Lucas, y Lucas estaba super furioso pero después se le pasaba porque la plata alcanzaba para todos ...

Entonces la hermana comenzó a llorar, hacía mucho que no lo veía reirse.

La noche y el sueño, todavía lo dominaban.



© Ileana Andrea Gómez Gavinoser

Adolfo Chouhy
( carbonilla de Ileana Andrea Gómez Gavinoser )