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Juan Pedro Trejo
La Memoria Ancestral
El Dios mistificador parece estar enfadado con el hombre y le ha negado la palabra. El gran don recibido
por el ser humano tan sólo sirve para comunicarse con sus semejantes y las invocaciones a la suprema
autoridad parecen abocadas al fracaso del silencio como respuesta.
¿ Pero es que acaso no fuimos hechos a su imagen y semejanza ?
Sólo unos pocos orates mantienen aún la esperanza de que la palabra y el gesto sean útiles para
reestablecer el hilo comunicador con la instancia creadora. Oculta parte de su humanidad por la
máscara, se convierte el guardián del reto en el poeta de la sociedad atávica.
El rostro construido, hecho por la mano del artesano, pretende representar el lado divino de lo
humano. Necesariamente contrapuestas las identidades éstas se fusionan en un todo que a su vez
conforman un UNO. Vemos, de nuevo, cómo el mito del sabio Quirón, dispuesto en la playa en que
arribaron los Argonautas, espera las preguntas para formular las respuestas. Gracias a aquellos
que asumen su parte divina podemos, los demás mortales, disfrutar con la materia que nos configura
y proporciona la comodidad del límite.
Parece que la voz, la palabra, ha sido reestablecida y se lanza el mensaje hacia lo espirituoso
del Hado. Sin embargo, oímos el rugido del viento en al Corazón del Celo, pero no entendemos en él
las fuertes palabras de Huracán.
¿ Acaso vuelve a ser necesario que enviemos mensajeros que crucen el umbral de la sombra y nos
interpreten ? ¿ No resulta suficiente que renunciemos a buena parte de nuestra bárbara humanidad
asumiendo la condición de pequeños Lares ?
En tanto que el HOMBRE sea humano se hará necesaria la función del poeta liberando de su torre de
marfil, la del chamán fuera de si, la del sacerdote alejado de las piedras sobre las que fue
construida su iglesia. El intermediario pagará con la condena de ser Minotauro en el laberinto.
Encerrado por la forma sólo nos queda esperar que su lenguaje bárbaro sea interpretado con la
misma fuerza con que nos aterra.
Es así como Juan Pedro Trejo desidolatra a quienes burlando la barrera de lo humano se lanzan
en pos de lo divino, y lo persiguen en nombre de nuestra palabra.
Comentario: Juan Carlos Laseca
Dirección de correo: juanpedro.trejo@terra.es
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