Javier Esteban (Autorretrato)


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Javier Esteban


En algún momento de los últimos diez años, Javier Esteban (Alcora, Castellón, 1963) descubrió un territorio de investigación personal, un lenguaje visual propio -equidistante del collage y del poema objeto- que transforma cada negativo fotográfico en una pieza única. Sus imágenes, claras, sintéticas, audaces, se generan a partir del encuentro entre la inspiración momentánea y la voluntad ordenadora, entre la capacidad inventiva y la necesidad de construir una estructura que sirva de atraque a la realidad inmediata.
"Fotografias que parecen pinturas, cuadros que son poemas, esculturas que quieren ser paisajes" escribe Catalina Serra.
Esa confluencia de procedimientos, unida a su interés por los materiales primigenios, sitúan a Javier Esteban en la compleja frontera de la tradición vanguardista con el primitivo espíritu mediterráneo.

"Siempre me gustó jugar con la arena y con los caballitos de mar. Sólo cuando me fuí a vivir lejos de las costa entendí lo que significaba aquella pasión".

En su deambular por playas y senderos, el fotógrafo recoge esqueletos orgánicos y residuos industriales que luego dispone -como cadáveres exquisitos- sobre el lienzo de sus naturalezas muertas, ese género perturbador donde lo inanimado y lo animado se funden en un equilibrio misterioso.
Sus minuciosas composiciones, de cristalización extremadamente lenta, hacen de la arena un microcosmos donde el observador queda inmerso en cierta atmósfera meditativa.
Pocas veces el grano fotográfico -el grano de luz, el grano de arena del tiempo- ha recibido tanta atención por parte de la cámara. Una atención tan concentrada que realiza el milagro de convertir la grava en sustancia fotosensible y los objetos que en ella se recortan en radiografías de sí mismos.

En el curso de ese trabajo fotográfico, concebido como juego poético y como medio de autoconocimiento, la naturaleza humana aparece herida por el deseo de perpetuar la memoria de su condición efímera.
Con arreglo al código expresivo de Javier Esteban, ese deseo delimita la tarea decisiva del artista.


Comentario: José Luis Gallero


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