Piedad

Está ahí.
Es él.
Te carcome por dentro.
Te arruga el pelo.
Te llena la cara de pasos y te desfigura la voz.
Te acecha.
Es él.
O peor ... son ellos.
Peor.
Ellos.

Espejos cóncavos y convexos, guardan en su centro tu imagen.
Ellos lo saben y van a buscarte.
Son ágiles.
Se mueven en las sombras y ni lo notas.

Pero un día, pujan por salir.
Estiran los bordes de tu boca y quiebran los cristales de tus ojos.
Están furiosos.
Encerrados.

Ellos son miles, millones de milésimas.
Pero se acovachan en vos.
Saben que vos los mantenes vivos.
Le das espacio para que estiren sus vísceras, para que remoloneen la siesta y para que se regocijen en la oscuridad.

Igualmente ¿te acordas de aquel nene que sintió miedo adentro del placard? ¿Y del momento en que supiste que existía el olvido? ¿Recordas el fracaso? ¿Y si haces memoria, te encontras con el hastío? Suspiros hondos, le dieron aire a ellos.

- ¿Por qué crees que vuelven? ¿Por qué pujan por salir? ¿Por qué el acecho?
- Porque saben quien sos. Porque te tienen piedad.

Florencia Correia