Viaje a China - Margarita González

Cuando comienzo a ojear un libro de fotografía de viajes, que inicia la introducción con esta frase:
"Lejos, muy lejos de aquí, hay un país enorme con forma de gallo.
Lleva en el lomo el desierto del Gobi, cruza su pecho el río Yanhtsé, luce en los tobillos la ciudad de Hong Kong y se adorna el cuello con la Gran Muralla", me atrae de tal manera que no puedo dejarlo hasta llegar a la contraportada y leer hasta el ISBN.

Me retrotae a las sensaciones que me producían los libros de viajes que en la adolescencia me hablaban de lugares lejanos y misteriosos y que hacían que sin moverme de Madrid, pudiera viajar, por ejemplo, hasta el centro de la Tierra.

Quiero presentaros hoy, un pequeño gran libro debido a una fotógrafa española: Margarita González, que lleva por título "Viaje a China".
En el mismo, incluye una serie de fotografías del viaje que realizó a China en 1997, y a cada una de ellas, le añade un pequeño texto extraído del cuaderno de viaje, en el que nos transmite lo que la fotógrafa sintió en el momento de la toma.

Hay quien opina que una fotografía debe ser sólo eso, una fotografía y que si se apoya en un texto o título es porque el fotógrafo no fue capaz de expresar todo lo que quería con la imagen.

Estoy totalmente en contra de este planteamiento, cada creador debe plantearse su obra como quiera.
Lo que debe ser bueno es el resultado, utilice el medio que utilice para conseguirlo.

En este caso, el trabajo de Margarita, hace que el texto más la fotografía den lugar a un nuevo elemento: la unión de los dos.
Esta es su obra: el conjunto.

Y no tengo otro remedio que recomendaros que viajéis a China con el libro de Margarita González.

Si alguno de vosotros está interesado en ponerse en contacto con ella, su e-mail es:
margarita.gcaballero@wanadoo.es


Comentario: Manuel Rodríguez - Septiembre de 2004



 
 

Embarcadero en Güilin

A través de la ventana del autobús veía a la gente en actitudes cotidianas: pedaleando en bicicleta, regando el arroz o las castañas de agua, transportando pequeñas mercancías en balancín, comiendo fideos de arroz en cualquier esquina, trabajando con pico y pala el suelo de la carretera.
De fondo se oían gritos, motores y megafonía.
Así China aparecía en las ventanillas del autobús como en una película cuya música fuera el estrépito de las piezas mecánicas del vehículo y del klaxon, que no debaja de sonar.

Por fin el autobús se detuvo, bajé, me alejé y llegué a un embarcadero.
No había nadie, sólo silencio y quietud, parecía un espejismo en la bulliciosa y superpoblada China.




 


© Margarita González