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Paseando allá por 1991 por las inmediaciones del Cuartel
del Conde Duque, en Madrid, donde se celebraban y celebran
numerosos actos culturales y exposiciones una vez
reconvertido, me sorprendió el anuncio de la exposición que
se mostraba en su interior: "Pintando con Luz".
El título da que pensar, porque no se puede pintar con luz
sino es a través de la fotografía.
Es un juego de palabras que acerca la pintura y la fotografía,
que las une en un mismo concepto.
Entré rápidamente y vi aquellas fotografías, mezcla de
realidad irreal, donde sobre una base natural el artista
había desvirtuado lo colores naturales con un mecanismo
simple: la luz.
Siempre se ha dicho que la fotografía es luz.
Un adecuado manejo y conocimiento de la misma es imprescindible
para conseguir buenas impresiones.
Ahora con la fotografía digital y sus tremendas posibilidades
esto es un poco menos cierto.
Pero es una técnica que hay que trabajar y dominar, nada sencillo.
Recuerdo un atardecer en el que un grupo de amigos fotógrafos
nos acercamos a la ermita del pueblo, ya casi en penumbra y
armados de flashes y pantallas de colores nos dedicamos a
"impresionar" negativos presos en una cámara estáticamente
fijada en un trípode y con la posición en "B".
Se hicieron muchas fotos y no todas quedaron bien, pero sí
algunas: un resultado interesante y una tarde-noche aprovechada.
Desde aquella tarde no he vuelto a pintar con luz pero sí
adquirí el libro de la exposición de William Lesch en el Cuartel
del Conde Duque.
Supongo que si no es en una feria de libro antiguo será difícil
conseguir este libro, no muy grande ni con muchas páginas,
pero denso en su interior por el trabajo mostrado.
Las fotos parecen a la vez naturales y fantasmagóricas, pero
captan la atención y quedan fijas en la retina.
Web del autor en
http://www.leschphotography.com/
Reproducimos las declaraciones del artista en los prolegómenos
del libro acerca de como realiza su trabajo.
"Mi trabajo siempre ha intentado llevar más lejos los límites
de la fotografía, al tiempo que conservaba un enfoque clásico
del medio.
El trabajo inicial en blanco y negro exploraba la naturaleza
temporal de la realidad fotográfica, su representación del tiempo.
Por medio del trabajo con un tiempo de exposición medido en segundos,
y más tarde en minutos, yo deseaba ver qué porción de la realidad
viva y pulsante que yo percibía podía contenerse en una única fotografía.
Mi trabajo actual amplía estas preocupaciones, trasladándolas al
dominio de la luz y del color.
Utilizando la luz coloreada al igual que el pintor utiliza el
pigmento, y trabajando de noche, voy construyendo la fotografía
por medio de capas de color.
A menudo esto lo combino con una exposición normal, efectuada bajo
la luz del día en la misma película.
Durante este proceso, la cámara y la película han de permanecer
fijas, y el tiempo de exposición total a veces dura hasta diez
o doce horas.
Este método, aunque requiere mucha dedicación y mucho tiempo,
retiene lo que en mi opinión constituye la belleza inherente de
la fotografía "convencional": su ilusión de veracidad.
Cuando se logra el éxito, esta yuxtaposición de "verdad" y "ficción"
se aproxima, quizás, a esa entidad, en última instancia incognoscible,
que denominamos realidad."
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