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El libro que comentamos hoy es un clásico.
Fue publicado en
1936, como resultado del trabajo conjunto de un poeta, James Agee y
de un fotógrafo, Walker Evans.
En el mismo reflejan, cada uno con su especialidad, su estancia
durante dos meses conviviendo con unos aparceros blancos en el
sur de Estados Unidos en el verano de 1936.
Fueron enviados alli por una revista de Nueva York para realizar
un artículo sobre los arrendatarios del algodón
que mostrase en forma de documento fotográfico y verbal,
la vida y ambiente cotidiano de una familia media de granjeros
de raza blanca.
El artículo no fue publicado en la revista.
En 1938 intentaron publicarlo en forma de libro pero tampoco
lo consiguieron.
Finalmente en 1940 consiguieron una editorial que se lo publicase.
Se trata de un libro modélico en su concepción.
En primer lugar aparecen 61 fotografías de Walker Evans,
pertenecientes a las tres familias con las que convivieron.
Todas las fotografías figuran al comienzo del libro.
A continuación van las descripciones y relatos de James
Agee.
Cada una de las partes tiene entidad por sí misma, ninguna
de ellas necesita apoyarse en la otra.
Es un trabajo conjunto pero claramente diferenciado.
Pero en ambos casos la mirada de los autores tiene mucho en común,
se trata de una mirada de frontal, cercana, respetuosa,
amorosa, minuciosa, sin adornos.
Muestran a los personajes y sus estancias de forma digna.
Ambas miradas reflejan las vidas, contornos y lugares donde aquellas
familias vivían.
Aunque cada autor es independiente en su trabajo, el resultado - el libro -
tiene una unidad completa.
Un trabajo que ha merecido y merecerá múltiples estudios,
como ejemplo de un trabajo en colaboración, con un resultado
magnífico.
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El sábado, la señora Gudger:
Se ha lavado la cara, las manos, los pies y las piernas.
Se ha recogido el pelo con más tirantez de la habitual.
Medias de algodón negras o blancas.
Zapatos negros de tacón bajo, con una tira sobre el empeine
y un solo botón.
Un vestido de algodón estampado, recién lavado y
cerrado bajo el cuello con un broche de diez centavos.
Un collar corto de cuentas de vidrio negro.
Un sombrero.
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