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Para que no se tenga que deducir de este texto mi profunda admiración
por Ansel Adams, voy a empezar confesándola públicamente.
Siempre me ha parecido que la esencia de la fotografía es un buen
negativo.
Un buen negativo incluye muchas cosas, tanto en cuanto a las condiciones
de la toma (luz, encuadre, objetivo ...) como después de ello a su
perfecto procesado en el laboratorio.
El libro que comentamos este mes está en inglés.
Pero ahora no hay problema, ya que en 1999 se ha publicado en español
y está disponible por alrededor de 30 euros.
Si lo hubo cuando me hice con él, hace una veintena de años a través
de un amigo piloto que volaba a Nueva York y con buena paciencia me
hacía mis encargos, generalmente fotográficos y electrónicos.
Unos por que no los había en España y los otros, porque habiéndolos
eran hasta un 70 % más baratos.
" Tu pitarás " me decía, porque mis encargos eran muy precisos y concretos
y con los dólares por delante.
Hubo quién le encargó un pito y no le dijo modelo ni le dio los dólares.
Me parece que todavía no ha pitado.
Parece un contrasentido hoy en día hablar del negativo.
Y lo digo porque estamos metidos de lleno en la era digital.
Cuando en instantes se puede disponer de una imagen, manipularla,
arreglarla, transmitirla a cualquier parte del mundo, el procesado
clásico de un negativo se nos antoja como una cuestión antidiluviana.
Y estamos hablando de una veintena de años.
Recordemos que allá por 1827 se empezaba a hablar de daguerrotipos y
calotipos, que podrían ser los precursores del negativo.
Yo por mi parte no he entrado de lleno en el mundo digital.
Hago mis pinitos, pero partiendo siempre de un negativo.
Con ello siempre podré meterme al laboratorio y seguir los trazados
clásicos.
También parece como que así no " traiciono " la esencia de la fotografía.
Luego a partir del negativo, scanner y a procesar digitalmente.
Por aquella época de principio de los 80 del siglo pasado, gastaba
yo mis buenos ratos en el laboratorio.
El libro de Ansel Adams me revolucionó un poco las formas de hacer
hasta entonces.
Recuerdo que compré una balanza de precisión de laboratorio y recuerdo
los paseos a la calle Desengaño donde había una droguería para adquirir
los productos químicos que, convenientemente mezclados, daban " vida "
a mis negativos.
Se empleaba bastante tiempo pero siempre se podían hacer modificaciones
e investigar un poco hasta conseguir unos negativos que fueran
satisfactorios a mi criterio.
Que duda cabe que los D-76, HC-110 y otros muchos funcionaban a la perfección.
En el libro de Ansel Adams están descritos así como sus fórmulas y composición.
El libro es eminentemente técnico.
Nos habla de todo profundamente, de la toma, de la luz, de la película,
de la exposición, del uso de filtros, de cómo manejarse en luz natural y
luz artificial y por último de los procesos en el llamado cuarto oscuro.
En fin, en este mundo de hoy todo está " patas arriba ".
Como se nos ocurre hablar de negativos si ahora la fotografía es
también " sin ", como la cerveza.
Sin negativo, quiero decir.
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