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Ralph Gibson
Grietas
Hay fotos, que al mirarlas, sentimos la necesidad de tocarlas.
La mano no pide permiso.
De forma automática se nos va al papel intentando alcanzar lo que es solo una ilusión.
No importa el tema.
Pueden ser las arrugas de un rostro, la vieja foto de la infancia que nos devuelve
al pasado, un paisaje especial, la casa que ya no existe o ha cambiado tanto
que ya no la reconocemos.
Y tantas cosas.
En las fotos de Ralph Gipson de su álbum "Ex Libris" sentí que me
ocurría eso en algunas de ellas.
Hay una muy nítida que casi podríamos confundir con un cuadro minimalista.
Una grieta vertical divide la imagen.
Aún no se ha abierto del todo.
Tramos de esa línea aún permanecen unidos, pero sentimos que hay algo a la
vez frágil y resistente en esa unión.
En su margen izquierda nos muestra pequeños relieves de nudos que han provocado
el hundimiento en su margen derecha.
Parece una adivinanza.
De pronto, reconocemos el detalle de un viejo libro cosido a mano y admiramos
la calidad del papel que tapa la urdimbre de su trama, su textura, los signos
del paso del tiempo, de una obra de otra época.
De un libro que fue muchas veces abierto y cerrado.
La mano, lentamente, recorre la foto queriendo palpar la rugosidad de lo que está viendo.
En la otra imagen un grueso libro ha sido colocado de pie ofreciéndonos sus
hojas a punto de abrirse.
Muchas manos antes se nos adelantaron.
Esto provoca nuestra curiosidad.
¿Por qué están más sobadas las primeras páginas? ¿de qué trata el libro?
¿qué hay dentro de esa grieta cuya sombra es un incitación a meternos en su interior?
Podría tratarse de uno de esos hermosos y raros libros, piezas a capturar por
la pasión de los bibliófilos.
Libros ilustrados con reproducciones exquisitas.
La obra de un tiempo en que se demoraban en sus detalles.
En ninguna de las dos está lo que realmente importa: el texto.
Eso lo hace aún más sugerente.
No sabemos si ambas imágenes forman parte de la misma obra.
Tal vez no.
No importa.
Preferimos imaginar que alguien puso tanto interés en su escritura como los
artesanos en darle el soporte que ahora vemos.
Y una vez más, soñar.
Teresa Lañarova
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