Ferdinando Scianna




Dos caballos, dos hombres, dos sombrillas y un niño

Un hombre joven cabalga despacio.
Sujeta con una mano las riendas, a la vez que, ese mismo brazo, sostiene a un niño que dormita sobre su hombro.
La otra mano agarra una sombrilla.
Atraviesan un paisaje cercado por un muro bajo de piedra sobre el que destacan hierbajos secos y árboles que casi nos ocultan una casa, tan abandonada como su entorno.

El hombre parece mirarnos de soslayo.
Acaba de ver al fotógrafo.
El animal ha debido oír el disparo de la cámara, su oreja izquierda está orientada en la misma dirección.
Todo respira calma y equilibrio.
Sentimos el calor del día y hasta podríamos escuchar el canto de las chicharras.

Tres siglos atrás, en la capital de Europa, otro hombre se exhibe sobre otro caballo.
Es el Canciller Séguier con su séquito, en su mayor momento de gloria.
Nada de lo que ahí nos muestran es casual.
El oro y la plata de los ropajes refuerzan el poder del personaje.
Este sujeta las riendas de forma apenas testimonial, no lo necesita, ese es el trabajo de los tres pajes que le preceden.
La sombrilla que vemos en primer plano la sujeta otro hombre que tenía mucho que agradecerle, el pintor, quién aprovechó para autorretratarse.
Hasta el caballo ricamente engalanado nos mira orgulloso de formar parte de esta escena.

Sabemos mucho sobre el canciller y su pintor.
Fueron dos hombres poderosos que se ayudaron mutuamente y esta obra nos habla del resultado, bien resuelto, de su alianza.

¿Por qué relaciono ambas imágenes?
Tal vez porque no puedo evitarlo.
Tal vez por que las dos nos hablan de la fragilidad y la fuerza del ser humano.

Ahí está el canciller, nacido en una familia de comerciantes, en la cúspide de la aristocracia, el hombre que manejaba los sellos del rey.
Pero su debilidad es evidente, sin el apoyo real, Monsieur Pierre Séguier, duque de Villemor, no es nadie.

Y ahí está ese desconocido, del que quisiéramos saber más.
¿A dónde va este campesino, vestido él y el niño de domingo? ¿qué lleva en las alforjas? ¿les acompaña alguien mas en su ruta?
No le importa exhibirse con una sombrilla blanca, femenina, en una tierra, Sicilia, donde por mucho menos se cuestionaría su hombría.
El cruce de su brazo con el del niño dormido transmite más fuerza, seguridad y poder del que nunca consiguió Charles Le Brun para su canciller.
Y hasta la cabeza del animal, una mula siciliana, con sus crines recortadas, nos transmite más dignidad que la larga, frondosa y ondulante cabellera del caballo parisino.

La riqueza del color frente a la sobriedad del blanco y negro.
Lo que sabemos frente a lo que ignoramos.
La estudiada puesta en escena de una casta poderosa frente a la casualidad de una imagen cotidiana.
A fin de cuentas, lo que elegimos, lo que rechazamos.


( A Ferdinando Scianna, por su obra, y por aquella tarde en Aranjuez en que nos sedujo con el relato de su vida ).

Teresa Lañarova


La fotografía del mes de diciembre de 2006, fue comentada el pasado 12 de diciembre de 2006 en la emisora del Círculo de Bellas Artes de Madrid, dentro del programa de fotografía "La cámara lúcida", que conducen Anael García y Ana Schultz todos los martes de 20:00 a 21:00 horas en el 100.4 FM.

Puedes escuchar la grabación de este programa, dedicado a las fotografía de Ferdinando Scianna.