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Tomás Camarillo, se hizo fotógrafo por su sensibilidad
y por las circunstancias.
Fue de origen humilde, su padre era carpintero y él tuvo que
ganarse la vida en otras múltiples actividades.
Pero fue capaz de intuir en sus viajes comerciales, vendía
aparatos de radio por los pueblos de la provincia de Guadalajara,
que lo que estaba viendo habitualmente era algo que debía
conservarse y registrarse mediante la fotografía.
Debido a esta necesidad autoimpuesta, es como comienza a acumular
negativos de los múltiples lugares por los que va pasando.
La Colección de fotografías de Tomás Camarillo,
que actualmente conserva la Biblioteca de Investigadores de la
Provincia de Guadalajara, está formada por 1.645 imágenes
correspondientes a 287 pueblos.
Camarillo realizó sus fotografías en el segundo
cuarto del siglo XX, aproximadamente desde 1923 hasta 1940.
Se trata de unos años de transición en la España
rural, por un lado existen todavía las costumbres, labores y
formas de vida tradicionales, que se conservan desde hace siglos y
por otro lado comienza a entrar el progreso sobre todo en las ciudades
y pueblos grandes.
Al tiempo es una época convulsa, el advenimiento de la II
República en 1931 y la Guerra Civil ( 1936 - 1939 ), como
consecuencia del golpe de estado contra el sistema existente,
democráticamente elegido.
Al contrario que en las grandes ciudades españolas, no existen
muchas referencias gráficas de las zonas rurales, correspondientes
a estos años.
En los años que Camarillo realizó sus fotografías,
había en Europa y América múltiples fotógrafos
que ya habían recorrido diferentes caminos tanto documentales como
artísticos.
No podemos comparar el trabajo de Tomás Camarillo con el de estos
fotógrafos, ni la intención ni los medios admiten comparación.
Las fotografías de Camarillo tienen un valor extraordinario como
documento de la forma de vida en una zona de la geografía
española.
Si observamos con detenimiento sus imágenes podemos conocer
múltiples detalles de la vida cotidiana de los pueblos,
descubrimos un micromundo ya perdido: cantos rodados en las calles para
evitar el barro en los días de lluvia, raquíticas parras en
las fachadas de las casas para procurar un poco de frescor, plazas como
lugares de reunión, donde en algunos casos, un olmo cobija a las
personas, animales que ayudan al hombre en sus quehaceres, fuentes en los
lugares públicos que aportan un bien preciado, el agua, tanto a las
personas como a los animales, ropas, fiestas, ...
Con la presentación del trabajo de Tomás Camarillo en nuestra
revista, queremos rendir un homenaje a todos los fotógrafos, profesionales
o aficionados, que en épocas pasadas recogieron en sus negativos,
las costumbres, los tipos, los pueblos y lugares por donde pasaron.
Debemos realizar todos los esfuerzos posibles para recuperar, catalogar
y conservar el trabajo de estas personas por el bien de la fotografía
y por el de nuestra memoria histórica.
( Comentario: Manuel Rodríguez - Enero 2004 )
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