
Paul Strand
(Alfred Stieglitz, 1917)
Imágenes |
Paul Strand
Paul Strand, hijo de inmigrantes de Bohemia, nació en Nueva York el 16 de Octubre de 1890.
Su padre le regaló la primera cámara cuando tenía 12 años.
Dos años más tarde asistiría a la Escuela Superior de Etica, y gracias a Lewis Hine, que en aquel
momento estaba realizando fotografías de los inmigrantes que llegaban a Ellis Island, y que lo puso
en contacto con el grupo Photosecesion, conoció a Alfred Stieglitz, que fue un gran valedor de su trabajo.
En 1911, después de graduarse abrió su propio estudio.
Ya desde sus inicios lucha contra la tradición de los pictorialistas, de usar la fotografía como el
método más rápido de llegar al mismo sitio que la pintura.
Observa lo que pasa a su alrededor.
Se interesa por el cubismo y se impregna de sus fines.
Sus imágenes de gente de la calle son un preludio de lo que la fotografía sería a partir de entonces:
escenas improvisadas que son un acercamiento al retrato psicológico.
En 1916 sus fotografías aparecieron en la revista Camara Work y Stieglitz escribió sobre él diciendo
que era sin ninguna duda el fotógrafo más importante que había aparecido en ese país desde Alvin Langdon
Coburn.
Llegó a decir de él que era la "expresión directa de nuestro tiempo".
En 1917 publicó una serie de imágenes tomadas desde ángulos poco convencionales que ponen de relieve el
interés de Strand por le individuo y su relación con la geometría de los edificios de arquitectura moderna.
Gentes vigorosas, pese a su escaso tamaño, al lado de las elevadas construcciones.
En algunas de sus primeras fotografías se atisba un interés por un tipo de encuadres que obligan al
observador una actitud activa.
Grandes vacíos que debe de llenar la imaginación.
Su actitud a lo largo de su vida fue la de un gran observador. Ya estuviera en Francia o Ghana su
obsesión por la visión siempre estaba presente.
Entre 1917 y 1923 escribió mucho sobre este tema y mostró su admiración por las imágenes puramente
inmediatas de Alfred Stieglitz.
Se oponía al presente mecanizado y utilitarista proponiendo una vida más contemplativa en comunión
con la naturaleza.
Por otro lado mostraba un gran respeto por las cosas tal como eran: "Observa que cada objeto, cada
hoja de hierba, se tiene en cuenta y se usa, que todas las cosas se aceptan plenamente unas a otras".
Gran ejemplo de esta actitud es su fotografía The White Fence.
Una escena aparentemente sencilla, pero donde los tablones del primer termino de una valla,
aparentemente iguales, están desgastados de forma diferente.
En 1925 realiza la película Manhattan, con Charles Sheeler, presentada en el Capithol Theatre de
Nueva York bajo el titulo New York de Magnificent, y posteriormente en The Wave (1933).
En 1933 comenzó a ejercer como director del departamento de fotografía de la Secretaría de
Educación de México y bajo su influencia se fundo el grupo f/64 de fotógrafos estadounidenses de
la costa oeste tales como Imogen Cunningham, Edward Wenston.
En la época de la gran depresión Strand participó activamente en política y en 1935 viajó a la
Unión Soviética donde conoció al director de cine Eisenstein.
De vuelta a EEUU comenzó a producir documentales sociales y junto a Berennice Abbot formó la Photo
League en Nueva York con el propósito de crear una prensa radical con fotografías de las actividades
de los sindicatos de trabajadores y de las protestas políticas.
En 1945 el MOMA de Nueva York presentó una exposición monográfica de Paul Strand.
En los años 50 y 60 viajó por Francia, Italia, Egipto y Ghana, entre otros pises, produciendo una
serie de libros de fotografía.
En las dos últimas décadas de su vida recibió numerosos premios y honores y su obra se exhibió por
multitud de sitios.
Murió en Orgeval, Francia, el año 1976.
Fotógrafo limpio y directo.
Sin mentiras.
Sencillo y con gran sentido del espacio y del ritmo, se apoya en un equilibrio entre formas y
volúmenes donde el ser humano se hace su hueco con fuerza.
En sus retratos llenos de pureza, con un estilo documental casi sociológico, los personajes son
retratados, sin tener en cuenta su condición, con un gran respeto al individuo y evitando aspectos
sórdidos.
Los dignifica y ennoblece con sensibilidad y afecto sin caer en la sensiblería.
Son retratos donde se respira cierta tranquilidad y sosiego.
No agobia.
Es una lucha sin enemigos.
Estos individuos serenos, no rehuyen la mirada al frente.
Son ellos mismos.
Hablan de sí y de su mundo.
Comentario: Fernando del Río Ojuel
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