|

4th Dragoons Camp, 1855

|
Comentario
Tenemos ante nosotros un fenómeno de los albores de la fotografía.
No podemos contemplar sus fotos sin una perspectiva histórica, teniendo
en cuenta los medios y las fechas en que fueron realizadas.
Si ahora en alguna ocasión nos surge alguna dificultad técnica, de
equipo o de material, baste con pensar en cómo deberían desarrollar
su trabajo fotógrafos como Fenton, que en un carromato transportaba un
laboratorio ambulante donde iba plasmando las fotografías que tomaba.
Sus retratos de diversos generales y sus "staffs" de la guerra de
Crimea son fascinantes.
Nos transportan a aquellas épocas a la vez que nos dejan constancia de ellas.
Roger Fenton acabó dejando la fotografía preocupado por la falta de
durabilidad de las fotografías, temiendo que el impresionante documento
que había logrado reunir fuera desapareciendo lentamente, como
disolviéndose, con el paso del tiempo.
Este es uno de los males que siempre se va unido a la fotografía y que
ya en sus albores tenía su importancia.
Al igual que históricamente sabemos la duración de otros materiales
empleados en otras ramas del arte, siempre nos queda la duda de si
una fotografía será cuasi eterna o por el contrario se desvanecerá
en un futuro próximo.
Al final, siglo y medio después seguimos contemplando las fotografías
de Roger Fenton y ahora desde cualquier parte del mundo y atrapadas
ya en bits y bytes, lejos de papel y líquidos, guardadas en un formato
electrónico que se nos antoja de duración eterna.
Eso sí, mientras un ratón incontrolado no active la función de
borrarlas y hacerlas desaparecer.
No sólo como documento sino como escritura de la historia debemos
un gran reconocimiento a este abogado de profesión que dejó la
misma para dedicarse a la fotografía.
( Comentario: Ángel Luis Domínguez )
|