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Debemos ver las obras de los albores de la fotografía, tiempos
a los que sin duda pertenece Rejlander, con un punto de
vista que incluya los procesos y las dificultades que tenían
aquellos pioneros para realizarlas.
Si actualmente nos fueran presentadas como la obra de un
fotógrafo actual, seguramente miraríamos de reojo para otro
lado intentando ocultar un fugaz y breve sonrisa.
Como tantos otros en aquella época, Rejlander provenía del
mundo artístico de la pintura.
Esa tendencia pictorialista se deja notar en su obra e influencia
sus trabajos.
No podemos olvidar que la fotografía estaba en ciernes, dando
pequeños pasos y la obtención de la imagen final era como llegar
a plasmar un cuadro pero por mecanismos físicos y químicos.
El diseño y la concepción de la imagen final por parte de los
fotógrafos era similar a la de un cuadro.
También las emulsiones, manualmente fabricadas presentaban una
innumerable dificultad en todo su proceso, especialmente a la hora
de decidir el tiempo de exposición.
Viendo como Rejlander calculaba el tiempo de exposición, los
gatos tendrían una oportunidad cuando en las modernas cámaras
nos fallaran las pilas y tuviéramos que tomar una decisión y
operar en forma manual.
Cuando menos el sistema era ingenioso y bien fundamentado y
eliminaba las dependencias de la electrónica, dependencias que
en aquella época, simplemente, no existían.
En mor de su alta relación con la alta sociedad inglesa de
aquellos tiempos, me gustaría destacar un par de aspectos
dignos de mención a mi humilde criterio.
Uno de ellos, la pobreza en la que se vió sumido, lo que nos da
idea de que la profesión no daba para comer y tenía que ser
complementada con otras actividades más lucrativas.
Otro de los aspectos es acerca de como utilizar una obra
fotográfica para hacer "pensar" a los que la contemplan y no
dejarlos indiferentes, obligándoles a tomar partido a favor o
en contra.
Sin duda esto lo consiguió con su famoso montaje que hizo que
la puritana sociedad de la época impidiera su exhibición.
Nada nuevo y que se repite dado que hace no muchos años he podido
vivir en directo una escena similar, donde una exposición
fotográfica montada un viernes por la tarde apareció a la mañana
siguiente cubierta con papel de envolver embutidos de la
carnicería cercana, debido a las quejas de unos y otros.
Las cosas se repiten y si Rejlander levantara la cabeza, vería
que el mundo sigue igual y no ha cambiado nada, aunque quizá
las modernas cámaras le estimularan una pequeña sana envidia,
tanto a él como a sus colegas de época.
Ya hemos visto en su biografía que fue un experto en lo que hoy
denominaríamos "fotomontaje".
A partir de un gran número de negativos obtenía la copia final.
Hoy en día, observaríamos a Rejlander al teclado de un potente
ordenador, manejando el sistema de capas de un no menos famoso
programa informático y produciendo la copia final en un periquete,
de forma limpia y sin mancharse de reveladores, fijadores y demás
elementos propios de un laboratorio a la vieja usanza.
Comentario: Ángel Luis Domínguez, Enero de 2004
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