Julia Margaret Cameron
Sadness, 1864
Julia Margaret Cameron

Julia Margaret Cameron. Nacida en Ceylan. Estudios en Francia. Traslado a Inglaterra. Siglo XIX. Mujer. Casada. Multitud de hijos. ¿Hay quién de más?

Aunque con posibles, todo un cóctel explosivo para una mujer.
Su carácter y su determinación nos han quedado mostradas al empezar su carrera fotográfica a los ¡cuarenta y ocho años¡.
En tan solo trece años de aficionada, ya que nunca se dedicó profesionalmente a ello, nos legó una serie de retratos que son parte de la historia de la fotografía.

En una época, en que la fotografía era sinónimo de hiperrealismo, Julia rompió moldes e hizo todo lo contrario: desenfoque y movimiento en sus retratos.
Si bien reconoce que lo descubrió por casualidad, lo incorporó con maestría a sus trabajos.

Las dificultades que tenían los procesos al colodión con la luz y los tiempos de exposición eran enormes, por lo que los fotógrafos solían trabajar al aire libre y con la mayor cantidad de luz posible.
Julia decidió, con buen criterio, que la luz natural era incontrolable, por su variabilidad, y por ello, para establecer un control absoluto en la iluminación de sus fotografías, las realizaba en un estudio interior.
La consecuencia era que sometía a sus improvisados modelos a toda una sesión de "tortura china" obligándoles a permanecer sin moverse durante períodos que se les antojaban eternos.
Aún así, el ligero desenfoque y el ligero movimiento de algunas de sus placas estaban servidos y constituyen un sello personal de esta artista.

Fotografías irregulares para el concepto imperante en la época.
Pero trabajadas, estudiadas y resueltas con elegancia.
Un nuevo concepto en temas de retrato.
Alegorías religiosas, pictóricas.
Científicos, criados, hijos, vecinos, todos eran enfrentados al objetivo, ataviados en algunas ocasiones con pintorescos trajes y en situaciones comprometidas para dar rienda suelta a la imaginación de Julia.

Bien es verdad que la isla de Wight, al decir de los entendidos, tiene una atmósfera especial, que invita al ensimismamiento.
Y eso hoy en día, así que hace 150 años debería de ser lo mismo o quizá mejor.
Yo he tenido la suerte de constatarlo en diapositivas hace algunos años.
Espero volver a hacerlo, ya con la digital.


Comentario: Ángel Luis Domínguez, Mayo de 2004