Rafita
Sergio Larrain

 
 
 

El pueblo

Así como yo me pensé siempre poeta carpintero, pienso que Rafita es poeta de la carpintería. Trae sus herramientas envueltas en un periódico, bajo el brazo, desenrrolla lo que me parecía un capítulo y toma los mangos gastados de martillos y escofinas, perdiéndose luego en la madera. Sus obras son perfectas. El chiquillo y el perro lo acompañan y miran su manos circulando prolijas. Él tiene esos ojos de San Juan de la Cruz y esas manos que levantan troncos colosales con tanta fragilidad como sabiduría.
Escribí con tiza los nombres de mis amigos muertos sobre las vigas de rauli y él fue cortando mi caligrafía en la madera con tanta velocidad como si hubiera ido volando detrás de mí y escribiera otra vez los nombres con la punta de un ala.

Pablo Neruda

 
 
 


Los nombres
Sergio Larrain

 
 
 

Los nombres

No los escribí en la techumbre por grandiosos sino por compañeros.
Rojas Giménez, el trashumante, el nocturno, traspasado por los adioses, muerto de alegría, palomero, loco de la sombra.
Joaquín Cifuentes, cuyos tercetos rodaban como piedras del río.
Federico, que me hacía reír como nadie y que nos enlutó a todos por un siglo.
Paul Eluard, cuyos ojos color de nomeolvides me parece que siguen celestes y que guardan su fuerza azul bajo la tierra.
Miguel Hernández, silbándome a manera de ruiseñosr desde los árboles de la calle Princesa antes de que los presidios atraparan a mi ruiseñor.
Nazim, aeda rumorosa, caballero valiente, compañero.
¿ Por qué se fueron tan pronto? Sus nombres no resbalarán de las vigas. Cada uno de ellos fue una victoria. Juntos fueron para mí toda la luz. Ahora, una pequeña antología de mis dolores.

Pablo Neruda

 
 


La Sirena
Sergio Larrain


 
 

La Sirena

Fue en el extremo Sur, donde Chile se desgrana y se desgrana. Los archipiélagos, los canales, el territorio entrecortado, los ciclones de la Patagonia, y luego el Mar Antártico.
Allí la encontré: colgaba del pontón pútrido, grasiento, enhollinado. Y era patética aquella diosa en la lluvia fría, allí en el fin de la tierra.
Entre chubascos la libertamos del territorio austral. A tiempo, porque algún año después el pontón se fue con el maremoto, a la profundidad o al mismo infierno. Aquél, cuando fue nave, se llamó Sirena. Por eso ella conserva su nombre de Sirena. Sirena de Glasgow. No es tan vieja. Salió del astillero en 1886. Terminó transportando carbón entre las barcas del Sur.
Sin embargo, ¡ cuánta vida y océano, cuánto tiempo y fatiga, cuántas olas y cuántas muertes hasta llegar al desamparado puerto del maremoto! Pero también, a mi vida.

Pablo Neruda