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Ontañón y el flamenco
Antes de haber saboreado el éxito profesional con sus múltiples y enraizadas
colaboraciones en libros y revistas, Ontañón ya había conocido la
otra cara mas prieta de la vida: las soledades de un adolescente vagando
entre la pillería arrabalera de la posguerra barcelonesa, la del joven rebelde
metido accidentalmente a bancario, la desolada inclemencia de la espera de un
iniciado paparazzi de los años sesenta, los riesgos de un reportero de guerra
en el lejano Oriente, y los furtivos escondrijos de los lánguidos movimientos
de una falda en el apasionante mundo de la moda.
Finalmente también conocía las idas y venidas de cientos de artistas de todo
rumbo, al paso por su pequeño estudio instalado en el corazón de una multinacional
de la música, en pleno despertar de la industria discográfica.
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Ciertamente muy pocos conocíamos estas notables imágenes realizadas en
aquel pequeño estudio de Hispavox, que sirvieron para envolver con rigurosa
virtud toda la gran verdad del cante flamenco de la llamada
"regeneración".
Allí se realizaron miles de fotografías que sirvieron para ilustrar las
portadas de aquellos discos de vinilo de nuestra juventud, que aún
hoy podemos encontrar en tiendas especializadas en rellenar el vacío
de recolectores de rarezas.
Como dice Elvira Lindo en un reciente articulo de El País "Hay veces
que acabas comprando cosas que tu mismo despreciaste en el pasado. Ahí
están, por ejemplo, los discos de vinilo".
A mí me ha pasado lo mismo, no hace mucho, una fría mañana de domingo
paseando por el rastro madrileño encontré uno de esos magníficos discos
de 45 revoluciones que, magullado y abandonado a su suerte, esperaba paciente
en un atropellado montón, reencontrarse con un viejo aficionado que le
rescatara del olvido devolviéndole la dignidad perdida.
Me adelanté retirándolo del sucio álbum de plástico que lo protegía ...
"Solo son fandangos", adelantó mi compañero contrariado.
Pero ¡que fandangos! le contesté, del Bizco Amate y El de la Calzá.
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El Rubio y Pepe Habichuela
© Francisco Ontañón
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El disco en cuestión lucía en su portada con fondo anaranjado, una hermosa
fotografia de El Rubio junto a Pepe Habichuela.
Enseguida busqué en la contraportada intentando localizar el nombre del
fotógrafo, pero no se muy bien por qué razón, el tamaño de letra que indica
el nombre de los fotógrafos, siempre es pequeño, demasiado pequeño.
Finalmente logré adivinar que se trataba de Francisco Ontañón.
Ciertamente tanto interés no era solo por rescatar el interior del disco,
que como dije eran unos excelente fandangos, sino también por saber quien pudo realizar
aquella conmovedora imagen.
El disco en cuestión me lo había regalado hace mas de treinta años un
viejo amigo aficionado al flamenco, en un tiempo en el que yo me desgañitaba
por la música anglosajona, así que no le presté demasiada atención y acabé
prestándoselo a otro amigo, para finalmente perder el disco y el amigo.
Nunca hubiera podido imaginar que con el paso del tiempo acabaría convirtiéndome
en un aprendiz de la flamencología, pero el destino es inescrutable y
siempre nos depara sorpresas.
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Tío Gregorio "Borrico de Jerez"
© Francisco Ontañón
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Así fue como me interesé en contactar con Francisco Ontañon, un
fotógrafo al que admiraba desde hacia tiempo, pero al que nunca había
asociado con el flamenco.
Le pregunté directamente si eran suyas todas esas fotografías de
Manuel Soto "Sordera", Melchor de Marchena, Antonio Mairena,
Fernanda y Bernarda de Utrera, Tío Gregorio, El Sernita, Bernardo de los
Lobitos, Niño Ricardo, Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar, Pepe de la Matrona,
Terremoto de Jerez, Serranito, Pericón de Cádiz, Rocío Jurado, Las Grecas
y cientos de fotografías más.
Emocionado, fue asintiendo una y otra vez con cada uno de los nombres que
le adelantaba, comentándome finalmente con cierta nostalgia, que tenía muy
pocas fotografías de flamenco de esa época.
Parece ser que se traspapelaron cuando cerró la casa de discos, y al tiempo
mostrándose gratamente sorprendido de que el flamenco, un arte tan
minoritario entonces, haya tenido con el tiempo tanto interés.
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Las imágenes realizadas por Ontañón a estos artistas, son realmente
notables y de una enorme sinceridad, de auténtica devoción, de ligada
búsqueda interior hacia unos personajes que habían salido de la nada
más absoluta, para convertirse en inspiración de miles de seguidores
arrastrados por el solo testimonio de su voz, trenzando una personal
forma cantar a los tributos de la vida, el amor y la muerte.
Gracias a Ontañón, podemos aguzar hoy los sentidos y observar en
detalle a delicados personajes como Tío Gregorio "Borrico de
Jerez", llegado a Madrid por primera vez en su vida para grabar
en Hispavox, y ver como sujeta explícitamente su barriga, para mejor
voltear el cante aprendido de niño en las gañanías de los campos
de Jerez.
O como el viejo Pepe de la Matrona, áspero y paciente a la vez,
aguanta sentado con indiferencia, que Francisco Ontañón ultime su
retrato, pero sin soltar el blanco pañuelo de enjugar las fatigas
de la vida.
© Ángel Lacalle
lacallegrita@telefonica.net
Marzo 2008
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Pepe de la Matrona
© Francisco Ontañón
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