© Francisco Ontañón

 
 
 

Ontañón y el flamenco

Antes de haber saboreado el éxito profesional con sus múltiples y enraizadas colaboraciones en libros y revistas, Ontañón ya había conocido la otra cara mas prieta de la vida: las soledades de un adolescente vagando entre la pillería arrabalera de la posguerra barcelonesa, la del joven rebelde metido accidentalmente a bancario, la desolada inclemencia de la espera de un iniciado paparazzi de los años sesenta, los riesgos de un reportero de guerra en el lejano Oriente, y los furtivos escondrijos de los lánguidos movimientos de una falda en el apasionante mundo de la moda. Finalmente también conocía las idas y venidas de cientos de artistas de todo rumbo, al paso por su pequeño estudio instalado en el corazón de una multinacional de la música, en pleno despertar de la industria discográfica.

 
 

Ciertamente muy pocos conocíamos estas notables imágenes realizadas en aquel pequeño estudio de Hispavox, que sirvieron para envolver con rigurosa virtud toda la gran verdad del cante flamenco de la llamada "regeneración".
Allí se realizaron miles de fotografías que sirvieron para ilustrar las portadas de aquellos discos de vinilo de nuestra juventud, que aún hoy podemos encontrar en tiendas especializadas en rellenar el vacío de recolectores de rarezas.
Como dice Elvira Lindo en un reciente articulo de El País "Hay veces que acabas comprando cosas que tu mismo despreciaste en el pasado. Ahí están, por ejemplo, los discos de vinilo".

A mí me ha pasado lo mismo, no hace mucho, una fría mañana de domingo paseando por el rastro madrileño encontré uno de esos magníficos discos de 45 revoluciones que, magullado y abandonado a su suerte, esperaba paciente en un atropellado montón, reencontrarse con un viejo aficionado que le rescatara del olvido devolviéndole la dignidad perdida.
Me adelanté retirándolo del sucio álbum de plástico que lo protegía ...
"Solo son fandangos", adelantó mi compañero contrariado.
Pero ¡que fandangos! le contesté, del Bizco Amate y El de la Calzá.

 
 


El Rubio y Pepe Habichuela
© Francisco Ontañón


 
 

El disco en cuestión lucía en su portada con fondo anaranjado, una hermosa fotografia de El Rubio junto a Pepe Habichuela. Enseguida busqué en la contraportada intentando localizar el nombre del fotógrafo, pero no se muy bien por qué razón, el tamaño de letra que indica el nombre de los fotógrafos, siempre es pequeño, demasiado pequeño. Finalmente logré adivinar que se trataba de Francisco Ontañón.

Ciertamente tanto interés no era solo por rescatar el interior del disco, que como dije eran unos excelente fandangos, sino también por saber quien pudo realizar aquella conmovedora imagen.
El disco en cuestión me lo había regalado hace mas de treinta años un viejo amigo aficionado al flamenco, en un tiempo en el que yo me desgañitaba por la música anglosajona, así que no le presté demasiada atención y acabé prestándoselo a otro amigo, para finalmente perder el disco y el amigo.
Nunca hubiera podido imaginar que con el paso del tiempo acabaría convirtiéndome en un aprendiz de la flamencología, pero el destino es inescrutable y siempre nos depara sorpresas.

 
 


Tío Gregorio "Borrico de Jerez"
© Francisco Ontañón


 
 

Así fue como me interesé en contactar con Francisco Ontañon, un fotógrafo al que admiraba desde hacia tiempo, pero al que nunca había asociado con el flamenco.
Le pregunté directamente si eran suyas todas esas fotografías de Manuel Soto "Sordera", Melchor de Marchena, Antonio Mairena, Fernanda y Bernarda de Utrera, Tío Gregorio, El Sernita, Bernardo de los Lobitos, Niño Ricardo, Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar, Pepe de la Matrona, Terremoto de Jerez, Serranito, Pericón de Cádiz, Rocío Jurado, Las Grecas y cientos de fotografías más. Emocionado, fue asintiendo una y otra vez con cada uno de los nombres que le adelantaba, comentándome finalmente con cierta nostalgia, que tenía muy pocas fotografías de flamenco de esa época.
Parece ser que se traspapelaron cuando cerró la casa de discos, y al tiempo mostrándose gratamente sorprendido de que el flamenco, un arte tan minoritario entonces, haya tenido con el tiempo tanto interés.

 
 

Las imágenes realizadas por Ontañón a estos artistas, son realmente notables y de una enorme sinceridad, de auténtica devoción, de ligada búsqueda interior hacia unos personajes que habían salido de la nada más absoluta, para convertirse en inspiración de miles de seguidores arrastrados por el solo testimonio de su voz, trenzando una personal forma cantar a los tributos de la vida, el amor y la muerte.
Gracias a Ontañón, podemos aguzar hoy los sentidos y observar en detalle a delicados personajes como Tío Gregorio "Borrico de Jerez", llegado a Madrid por primera vez en su vida para grabar en Hispavox, y ver como sujeta explícitamente su barriga, para mejor voltear el cante aprendido de niño en las gañanías de los campos de Jerez.
O como el viejo Pepe de la Matrona, áspero y paciente a la vez, aguanta sentado con indiferencia, que Francisco Ontañón ultime su retrato, pero sin soltar el blanco pañuelo de enjugar las fatigas de la vida.

© Ángel Lacalle
lacallegrita@telefonica.net

Marzo 2008

 
 


Pepe de la Matrona
© Francisco Ontañón