Autorretrato
© Francisco Ontañón

 
 
 

Inicios en Barcelona
Viví durante unos 30 años en Barcelona.
Me inicié en la fotografía en el campo aficionado.
Yo trabajaba en un banco, donde habia un club para los trabajadores y entre las actividades que se desarrollaban estaba la fotografía.
Empezamos dos personas como aficionados. Pero teníamos que sacar un dinerillo porque los materiales era muy caros. Entonces nos dijimos: Ahora que vienen los Reyes Magos vamos a hacer fotos a los niños de los empleados.
Y así empezamos siendo autodidactas. A golpe de calcetín, como se dice.

 
 

Un tiro en la Cámara Acorazada
En el banco yo trabajaba en la Cámara de Valores, donde se manejaban los resguardos de los valores. Era un local cerrado con una puerta acorazada.
Había un tipo con nosotros que era requeté y un día me dice: Mira, Paco. Y me enseña un revólver. ¡Nos van a echar a todos!. Mete una bala en el tambor, aprieta el gatillo, pega un fogonazo que aquello parecía la verbena de San Juan. Yo estaba frente a él a un metro de distancia y dije este cabrón me ha matado y empecé a mirar donde tenía la herida. Él se echó a llorar. El resto de la gente se escondían detrás de los muebles. Al jefe de la sección no lo matamos del disgusto por poco.
Al tipo no se le ocurrió otra cosa que regalarme, como recuerdo, la bala en un llavero.

 
 


La cuadrilla, Zamora, 1962
© Francisco Ontañón


 
 

En Madrid
En el banco tenía un trabajo de responsabilidad, tenía gente trabajando conmigo.
Lo que yo llevaba eran las suscripciones de acciones de Telefónica, las juntas de accionistas, los cupones.
Pero en la fotografía a nada que sacas un dinerito te va tirando. Llega un momento en que pesa más tu afición que el trabajo del banco. Un día dije esto se ha acabado, ya no rendía en el trabajo. Me dormía en la Cámara acorazada. Una vez me dormí en el baño.
Busqué una relación aquí en Madrid y me vine. No había salido nunca de Barcelona.

 
 

Neorrealismo
Yo en aquel entonces no sabía que era el neorrealismo. Lo he sabido después.
La fotografia es de la época en que está hecha. Si el neorrealismo fué entonces, todo hijo de vecino era neorrealista. Pero que tú ahora hagas fotos neorrealistas no cabe en ninguna cabeza. Aquello respondió a una época, a un movimiento.
Otro factor que influía en nuestro trabajo era que no podías retratar lo que querías. Existía la censura. Tenías el escape de los toros, el flamenco y cosas así. Todo responde a una época.
Conocía las peliculas italianas, pero no conocíamos por revistas o libros lo que estaban haciendo los italianos.
La única revista que recibíamos era Life. Yo estaba suscrito a Camera que era la mejor revista que ha habido nunca, aún no se ha superado.

 
 


Matrimonio de Mojácar, 1963
© Francisco Ontañón


 
 

El grupo AFAL
Siempre me han gustado más los fotógrafos norteamericanos que los franceses, por ejemplo. Con una excepción Henri Cartier-Bresson.
Sobre todo, los americanos: Robert Capa, Bruce Davison, siguen siendo para mí los mejores.
En España hay muchos: Catalá-Roca, Ortiz-Echagüe, ...
El grupo AFAL empezó a hacer una pequeña revista. Contacté con ellos para saber si les interesaba mi trabajo. Así fué como me incorporé al grupo.
Participar en el grupo AFAL o en La Palangana me hacía vivir, me permitía escoger y opinar, hacer otro tipo de imágenes.

 
 

Trabajos con escritores
El trabajo con escritores ha sido muy importante para mí, sobre todo por la libertad que te da. Por ejemplo en el libro de Semana Santa "Los días iluminados" yo hice las fotografías durante dos años en Andalucía y luego en la editorial se las dieron a un escritor. Él no había visto nada más que las fotos, pero conseguimos hacer un buen trabajo.
A veces el proceso ha sido al revés, primero el escritor escribe el texto y luego tú haces las fotos, pero han sido las menos de las veces.
También he hecho un libro conjunto yendo con el escritor, viajando con el escritor. Por ejemplo con Miguel Delibes hice el "Libro de la caza menor". Cada domingo cogía el tren y me iba a Valladolid, me iba de caza con él y sus amigos. El libro recoge también mis reacciones. ¡ Paco, coño, me has espantado una perdiz !.

 
 

Reportaje
Para mí el reportaje es el origen de toda la fotografía, desde ahí se va diversificando. El tipo que se echa a la calle con una cámara o se va a una guerra y dice voy a contar lo que estoy viendo. Esa es la verdadera utilidad de la fotografía.
La gente es lo que más me interesa. Me gustaría penetrar más todavía en la persona cuando retrato a alguien.
No hacer lo desagradable de aquella persona, que es lo fácil. Si a uno que está hecho polvo le haces una fotografía, eso no tiene ningún mérito. Lo importante es que puedas sacarle el interés que tiene como persona.

Tengo un reportaje que me gusta bastante sobre la familia de la hermanas a las que se le apareció en Fátima la Virgen.
También estoy satisfecho de un reportaje sobre Estados Unidos que he recopilado durante varios viajes.
Me gustan las fotografías de animales. Colaboré con Félix Rodríguez de la Fuente. Cuando estás haciendo periodismo y tienes que aguantar tantas cabronadas y tantos personajes desagradables y te dicen: Vamos todo el día al campo con una tortila de patatas, el hacer fotografías de animales es una delicia. Muchas veces vuelves a casa como el pescador que no ha pescado nada. Pero cuando pescas, tienes una gran satisfacción.

 
 


© Manuel Rodríguez


 
 

Trabajos actuales
Estoy haciendo unos retratos de personas que me interesan, entre ellas está mi mujer. No hago nada más.
Preparo alguna exposición sobre mis trabajos anteriores.
En la fotografía se ha metido mucha gente, se han inventado un personaje que le llaman curator y que es el que selecciona las fotos. Te dejan el libro o la exposición como si la hubiesen hecho ellos. Ahora he dejado de hacer una por este motivo. Buscan un sentido que no tiene. Has hecho unas fotos que son individuales, que tienen un valor individual y el otro coge asocia esta con la otra porque así al girar la página no sé qué pasa. Es una profesión nueva que da de comer a mucha gente pero que no da idea de tu trabajo.
Estoy escribiendo a garrotazos, porque me cuesta mucho escribir, mis memorias, se van a llamar "Biografía de un fotógrafo". Comienzan cuando entran los nacionales en Barcelona y yo estoy en la calle con mi madre y mi tía y refleja como entré en esta profesión que a mí me ha librado de ser un golfo.

 
 


© Manuel Rodríguez


 
 

La fotografía le salvó
Yo de pequeño era muy malo, cuando comencé a trabajar en un banco ya no tenía ni padre ni madre, vivía con mi tía, una hermana de mi madre. Me pusieron un tutor. Me escapaba de casa y hacía lo que quería. Mi tía no podía conmigo. El tutor era un militar y un día (tenía catorce años) me cogió y me llevó a la comisaría más negra y cutre que hay en Barcelona, en la calle Unión, de esas que tienen las rejas a ras de la calle. La mesa del comisario era como esa foto famosa de Cartier-Bresson donde hay una lámpara, una mesa de madera, un tipo y un acusado. Me hicieron quitar el cinturón y los cordones de los zapatos. Me pasé la noche en un lugar lleno de humedad.
Si hubiese seguido por ese camino hubiera terminado muy mal.
Pero descubrí la fotografía y me permitió conocer una afición que me hizo ver el mundo de otra manera, porque yo no conocía nada de la vida, sólo conocía mi barrio y cuatro escaparates que veía todos los días cuando iba y volvía del banco.
Siempre que puedo cuento esto a la gente joven.


(© Entrevista realizada por Ángel Lacalle y Manuel Rodríguez el 3 de febrero de 2008)
manuelrr2010@terra.es

 
 


Francisco Ontañón y Manuel Rodríguez
© Ángel Lacalle