Concursos fotográficos



Hoy nos vamos a meter con los concursos fotográficos.
Para empezar diremos que los concursos fotográficos deben desaparecer, son una reminiscencia del mundillo de la fotografía que pertenece al pasado.

¿ Por qué pensamos que los concursos deben acabar su existencia ?

1) Las bases. Suelen ser confusas, arbitrarias, en algunos casos draconianas, y en general consideran al posible concursante como a un personaje que debe hacer muchas cosas y no tiene ningún derecho. Debe enviar el material, de acuerdo a unos criterios fijados, con pasepartout de tal tamaño, su nombre por un lado, sus datos por otro, en un embalaje adecuado, con lo necesario para la devolución del material, si el material se deteriora es cosa del azar, no hay ninguna responsabilidad por parte del organizador, que el material llegue antes de una fecha y hora determinada, si en tal fecha no han sido recogidas las fotografías por el autor no se sabe a dónde van, pero desaparecen, ...

2) La propiedad de las imágenes. En el caso de las fotografías ganadoras de algún premio, los convocantes se arrogan una serie de derechos totalmente ilegales: la propiedad de la imagen, no de la copia que entendemos debería ser lo lógico, sino de la imagen. Consideramos que el autor será siempre el propietario de la imagen, es un derecho irrenunciable. En cuanto a la utilización de la imagen proponen los usos más variopintos, incluirla en diferentes medios, con el tratamiento que consideren oportuno, recortada, manipulada, lo que quieran que para eso son los "propietarios".

3) Relación con los participantes. Nula, nunca comunican al sufrido concursante que han recibido su material, nunca comunican cuando se reune el jurado, por quien está compuesto, nunca comunican cual ha sido el resultado, nunca le agradecen su participación, nunca le facilitan una invitación para la inauguración de la exposición correspondiente, nunca le facilitan un catálogo de la exposición.
Una falta de respeto y de atención inadmisible, parece que estamos en la edad media y los siervos no tienen derecho a recibir ninguna explicación.

4) Los jurados. Suelen ser una mezcla de cargos políticos y "personas de reconocido prestigio en el medio fotográfico", y que lo que obtienen de su participación es pasar un rato y sacar algo en limpio para sus bolsillos o para sus estómagos, simplemente por seleccionar unas imágenes según su criterio, ¿ pero cual es este criterio ? y además entre varias personas con diferentes planteamientos: el consenso, yo aflojo por aquí pero tú aflojas por allí.
Además, en un concurso imaginario ¿ quién sería mejor: una fotografía de Cartier-Bresson, de Man Ray o de Richard Misrach ?, es posible que no ganase el concurso ninguno de los tres.
Pero también aquí se da la circunstancia que los habituales a los concursos conocen los gustos de los jurados y presentan las imágenes que saben que van a tener cancha, ya se habla del estilo de los concursos de los Ferrocarriles Españoles.

5) Los premios. Existe de todo: premios económicos importantes, premios económicos ridículos, en especie, premios que si no se asiste a la entrega no se hacen efectivos, diplomas, ...
Y con esto entramos en el supuesto beneficio para los concursantes: no está claro que sea el económico, el reconocimiento de su trabajo, el prestigio, la motivación, la autoestima, lo que sí está claro es que son los que pagan todo: las copias, el embalaje, el transporte, llegando el caso de que puede ser que te perjudique recibir un premio. Sabemos de alguien que al recibir un "premio especial del jurado" fue "galardonado" con un diploma y la serie de tres fotografías con las que se quedó lo organización le habían supuesto 150 euros. Debería haber renunciado al "premio".

6) El organizador. Hasta ahora hemos visto que el concursante siempre pierde, pero en toda ecuación si alguien pierde alguien debe ganar. En este caso es el organizador. ¿ Cuáles son sus beneficios ? Con un simple anuncio recibe múltiples obras, sin coste alguno. No tiene ninguna responsabilidad adquirida. Puede jactarse que, una vez más, ha hecho algo por la fotografía, un arte denostado pero de gran importancia para la organización. Puede realizar una exposición sin coste alguno, el único coste que tiene lo compensa con las fotografías con las que se queda "en propiedad". No adquiere ningún compromiso con nadie, cuando quiera puede declarar el concurso desierto, puede dejar de realizar los concursos, ...
Esto es mucho más evidente y más sangrante cuando se trata de organismos públicos.

7) Descaro. Como última anécdota de esta trágica novela que hemos comenzado a escribir, queremos hacer referencia a las manifestaciones a las que por concurrir el participante debe pagar en efectivo una cantidad, nos parece inadmisible. Como caso espectacular de este tipo de actitud no tenemos más remedio que hacer referencia de PhotoEspaña, ( muestra anual de la fotografía que se celebra en Madrid ) que en el apartado de "Descubrimientos" los agraciados, después de una selección previa, y para que su trabajo pueda ser visionado por unos especialistas, deben pagar en efectivo 150 Euros. ¡ Señores ! en unas jornadas fotográficas donde todo el mundo cobra: por dar conferencias, por las exposiciones, ... el único que paga es el novel que quiere mostrar su trabajo, nos parece, por calificarlo cariñosamente, poco elegante.

Queremos matizar nuestra opinión sobre los hechos manifestados:

a) Evidentemente hay concursos dignos y respetuosos con los participantes y desde aquí reconocemos su labor sincera y honesta.

b) También tenemos conocimiento de un intento de establecer unas bases equitativas, a las cuales los convocantes de concursos fotográficos debieran acogerse, y si así lo hicieran, sería una garantía para los participantes.

Pero lo que tenemos totalmente claro es que:

Los concursos deben eliminarse de nuestras vidas fotográficas.

Debemos actualizar nuestras propuestas tanto para la promoción como para la difusión de la fotografía, haciendo que los actos que convoquemos sean motivadores para los participantes y el resultado de los trabajos de los organizadores y participantes, redunden en elevar la cultura fotográfica de los visitantes a los actos fotográficos.

Los fotógrafos debemos ser los primeros en luchar por dignificar nuestro trabajo.

Hay que innovar y desterrar malas costumbres arraigadas en este mundo de la fotografía.

¡¡ El pasado ya no existe, inventemos el futuro !!

Como conclusión, hemos decidido que en esta revista, a partir de este momento, no anunciaremos nunca la convocatoria de un concurso fotográfico.