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Diario palestino
(Juan Goytisolo - "De la Ceca a La Meca" - 1997)
Desde el comienzo de mis viajes al mundo árabe tenía el propósito
de visitar Jerusalén, la ciudad venerada y reivindicada a la vez por las tres religiones
monoteístas.
La ocupación israelí de la zona este en el 67 dio al traste con el proyecto
y me obligó a aplazarlo de forma indefinida.
Mis simpatías a los palestinos me impedían recorrer como un turista
el espacio de su tragedia: mientras Israel no se retirara a las fronteras del armisticio
de 1948, resolví, no pondría los pies en una ciudad con la que me había
familiarizado, no obstante, gracias a sus reproducciones ilustradas y fotografías.
Así, en otoño del 68, al volar por primera vez al Oriente Próximo,
establecí contactos con palestinos refugiados en el Líbano, Siria y Jordania,
pero me limité a contemplar desde Karama la nueva frontera del puente Allenby y la
orilla occidental del Jordán.
La política de implantación israelí en Jerusalén y los territorios
ocupados, el progresivo acoso de los palestinos, me afianzaban en mis razones: mi ineficaz e
insignificante repudio moral.
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Los pueblos palestinos próximos a Jerusalén fueron destruidos después
del 67.
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Matrícula del automóvil e indumentaria son signos distintivos de la
confrontación cotidiana y debemos acomodarnos a su semiología y valor emblemático:
la gorra verde de visera de aspecto vagamente militar con la que suelo protegerme del sol,
dice Yunus, corre el riego de ser confundida con las del ejército israelí y me aconseja
sustituirla con otra.
En la tienda del hotel no encuentro sino un sombrero de turista americano con palmeras: aunque me
da un aire idiota, no se presta a equívocos.
Como he dicho desde mi llegada a los amigos, estoy dispuesto a afrontar lo que sea si viene de
los israelíes, pero no quiero recibir ni una piedrecita de los palestinos.
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Visita al hospital palestino de El Mokasad, en donde, con medios modestos y en condiciones un tanto
precarias, un personal abnegado atiende a las víctimas de la intifada.
Los corredores están llenos de amigos y deudos y el calor es agobiante.
Un cirujano nos guía a un primera sala con seis muchachos heridos por bala en distintas
manifestaciones de protesta.
La irrupción del equipo les intimida y, después de una serie de conciliábulos,
piden que no les filmemos.
Nuestra identidad, pese a las palabras del personal e intervenciones de Yunus, es objeto de dudas.
¿No trabajaremos quizá para la TV israelí y nos serviremos de sus palabras
para perjudicarles?
Les enseñamos los pasaportes pero el temor no se esfuma.
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Días atrás, un ciudadano israelí, Samuel Cohen, fue bárbaramente
golpeado sin motivo por un grupo de extremistas que le tomaron por árabe no obstante
sus protestas de que era judío.
La confusión me parece tan significativa como inevitable: palestinos e israelíes se
asemejan a veces como gotas de agua, comparten la misma lengua, comen igual, cantan las mismas
canciones, gesticulan de manera idéntica.
Si, como observa un articulista de Al Fajr parafraseando a Sartre, el antisemitismo no es tanto
una opinión como una situación, no cabe la menor duda de que un número creciente
de Cohens se sentirán en un momento u otro, de forma abrupta e involuntaria, en la piel ardiente
de un palestino para quien la vida se ha vuelto irrespirable.
¿Será por ello que los más afectados por tan turbador parecido se aferran
a la dialéctica de la alteridad, que niega a los otros lo que exigen para sí mismos?
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Nos resignamos a ir a Bab al Silsila, al mirador reservado a la prensa.
La casa, expropiada en el 67 a los palestinos, está ocupada por militares que nos escoltan
a una terraza desde donde podemos abarcar a la vez a una parte de los fieles musulmanes congregados
en Al Haram Ch-Charif y, al otro lado de la muralla de éste, una decena de metros más
abajo, a los judíos ortodoxos inclinados en hilera junto al Muro de la Lamentaciones.
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tras la ocupación de la Ciudad Vieja en la guerra de los seis días, los vencedores
demolieron la totalidad del barrio árabe contiguo a Bab al Magáriba -incluidos cementerios,
medersas, mezquitas y mausoleos- para exhumar el Muro enterrado al pie de Al Burak y despejar el terreno
de la actual explanada en la que sus compatriotas celebran el sabbat.
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los israelíes prosiguen todavía sus obras subterráneas, trasnsformando de este
modo su conflicto nacional con los palestinos en una compleja y espinosísima confrontación
religiosa.
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Los escasos pueblos árabes que subsisten -Betunia, Abu Dis- se reconocen enseguida por sus
palmeras y chumbos.
En su voluntad de desarabizar el paisaje, los colonos ashkenazim lo revisten exclusivamente de
coníferas.
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A lo largo del trayecto por la autopista, nuestro amigo evoca la historia de las aldeas y pueblos
barridos a ambos lados de la llamada Línea Verde del armisticio de 1948.
La realidad de la imposición del Estado de Israel por la fuerza y el desalojo de setecientos
mil palestinos ha sido objeto de un escomoteo histórico contra el que los expulsados hace
treinta años luchan a brazo partido con la únicas armas de que disponen: evidencia
y recuerdo.
Sobre las ruinas de los pueblos arrasados por los buldócers, los israelíes han
creado florecientes colonias de inmigrados que probablemente ignoran la dramática verdad
en la que asientan su sueño.
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Paseo por Yaffa: en lo que queda de la antigua ciudad palestina, las casas agrietadas y legañosas
recuerdan la prohibición de repararlas por parte de las autoridades municipales, a fin de
provocar lentamente su ruina y el desahucio judicial de sus moradores.
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De regreso, paramos en una estación de gasolina servida por dos jóvenes palestinos: son
de Gaza y diariamente van y vienen de allí a Tel Aviv.
Si les pilla el toque de queda, el dueño, magnánimo, les permite dormir en un camión
previsoramente cerrado con candado, pues carecen de permiso para pernoctar en Israel.
Saleh nos muestra el alminar y cementerio musulmán de Ramla en completo abandono, pese a que el
primero, anterior a la Giralda y Kutubía de Marraquech, es uno de los más bellos
monumentos históricos situados en el interior de las fronteras internacionalmente reconocidas
del Estado judío.
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