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Una de esas famosas jarras vidriadas y decoradas con
mascarones y figuras aladas, junto con su tapa de
hojalata, y dos vasos de grueso culo, diseñados para
que se mantuvieran bocabajo en el agua del depósito
en el que se enjuagaban.
El vino se escanciaba con una de esas jarras decoradas,
producto de la alfarería local que tanta fama dio a
Estella, y cuya libación soltaba la lengua, las piernas,
y alegraba el corazón.
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