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Una vez que se da destapón a la cuba, el vino sólo
se puede conservar en garrafones y botellas bien tapadas.
Llegada la primavera, en la antesala de la propia bodega
se ponían unas mesas, unos bancos, y se vendía el vino
por vasos, porrones, botas y botellas.
La gente acudía a echar un trago, y muchos vecinos se
tomaban uno o varios porrones acompañados de una sardina
vieja, unas guindillas, unas aceitunas o unos frutos secos.
Y los más lamineros llevaban una cazuelica con ajoarriero,
callos u otras viandas.
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