Desde entonces, se comenzaron a repartir entre los pacientes las fotos obtenidas de ellos la semana anterior.

Las imágenes se obtuvieron sin posado alguno y fueron devueltas a los dueños de sus espíritus cada vez que la cámara se hacía presente.

Esto generó aceptación e inmersión del fotógrafo en un universo extraño e inasible, en el que dejó de ser un forastero para ser "el que me trae las fotos".

Llegaron vínculos humanos de gran densidad.


buena yunta


la guitarra de Santos