© José Ortega


Se calcula entre 5.000 y 7.000 personas las que habitualmente trabajan en la recogida de la fresa.
Alrededor de unos 3.000 viven en chabolas, por llamar de alguna manera a los espacios donde se recogen.
Infraviviendas, edificios derruídos y en zonas deterioradas.
Su exclusión social está garantizada.