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19 - El contraste en la imagen en blanco y negro.
En la fotografía monocromática el grado de contraste con que realicemos la imagen es
otro recurso expresivo que podemos manejar a voluntad, permitiéndonos tener desde
una amplia escala de grises sin blancos ni negros puros, hasta blancos y negros
rotundos sin grises intermedios.
Como principio muy general se entiende que las fotografías de bajo contraste pueden
connotar romanticismo, relajación, femineidad o debilidad; mientras que el alto
contraste tiende a insinuar energía, contundencia, masculinidad o fuerza.
Al elaborar la gráfica la alteración sobre los tonos originales la podemos hacer en
dos momentos diferentes, primero, en el acto de la toma, y posteriormente, durante
el procesado en los laboratorios analógico o digital.
En el primer caso, por medio del tipo de película que utilicemos, la clase de
iluminación que haya en el lugar, el grado de textura que tengan los objetos a
fotografiar, y los distintos colores que éstos posean.
Expliquemos como incide cada uno de estos cuatro factores.
En lo que corresponde a la película: hay algunas que son fabricadas expresamente
para dar blancos y negros sin medios tonos, siendo estas en la mayoría de los
casos ortocromáticas; a la vez que entre las pancromáticas funciona la siguiente
relación, cuanto menos sensibilidad tenga la película mayor será el contraste, y
a la inversa, a mayor sensibilidad de la emulsión menor contraste proporcionará.
Con relación a la iluminación: si ésta es intensa generará zonas muy claras donde
llegue directamente la luz, y áreas muy oscuras en los sitios que se encuentren
las sombras; mientras que por el contrario, si el alumbrado es suave solo habrá
en la imagen parecidos matices de grises.
En lo concerniente a la textura: si ella es muy notoria producirá superficies
irregulares, con puntos altos relativamente iluminados y puntos bajos más o menos
oscuros; en tanto que si no existe o es muy suave, solo veremos una sobrefaz lisa
con tonos en alta medida uniforme.
Por último, con respecto a la combinación de colores que posean los motivos que
estamos retratando: si éstos son unos claros y otros fuertes, al traducirse a
blanco y negro producirán una gráfica contrastada; pero si en cambio son parecidos
entre sí, generarán grises poco distintos entre ellos.
En el caso de las manipulaciones en el laboratorio analógico, éstas las podemos
realizar por medio del revelador de negativos que empleemos, y principalmente del
número de contraste del papel para positivar.
En lo concerniente al tipo de revelador, existen dos tipos fundamentales, fuertes
y suaves: los primeros incrementan el contraste pero tienen tendencia a producir
grano en la imagen; los segundos no generan grano pero crean una gráfica con menos
contraste.
Con relación al número del papel: los más comunes son del 1 al 4, siendo mayor la
separación de tonos que producen en la copia positiva cuanto más alta sea la
numeración; así, una fotografía hecha con papel 1 tendrá muchos grises, mientras
que otra copia del mismo negativo impresa sobre papel 4 será mucho más contrastada.
Finalmente, existe un método para bajar el contraste que implica laborar en ambos
momentos, durante la toma de la imagen, y en el transcurso del revelado del
negativo.
Para hacer esto subutilizamos la sensibilidad de la emulsión, es decir,
expondremos la película a menos de su sensibilidad real, así, si tenemos 100 ISO,
trabajaremos en base a 50, y en consecuencia la gráfica resultará sobreexpuesta;
para compensar este hecho sub-revelaremos restándole un tercio al lapso normal que
correspondería, en consecuencia, la densidad media del negativo quedará nivelada,
pero como el revelador no tuvo el tiempo necesario para obrar por completo, los
negros no serán profundos ni las altas luces muy claras; resultando de esta manera
un contraste atenuado con respecto a los tonos originales del mundo real.
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