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Dos manos
El hombre del hormiguero en la palma de la mano derecha
De una carta tirada sobre la mesa sale una línea que corre por la plancha de pino y baja por una
pata. Basta mirar bien para descubrir que la línea continúa por el piso de parqué,
remonta el muro, entra en una lámina que reproduce un cuadro de Boucher, dibuja la espalda de una
mujer reclinada en un diván y por fin escapa de la habitación por el techo y desciende
en la cadena del pararrayos hasta la calle. Ahí es difícil seguirla a causa del
tránsito, pero con atención se la verá subir por la rueda del autobús
estacionado en la esquina y que lleva al puerto. Allí baja por la media de nilón cristal
de la pasajera más rubia, entra en el territorio hostil de las aduanas, rampa y repta y
zigzaguea hasta el muelle mayor y allí ( pero es difícil verla, sólo las ratas
la siguen para trepar a bordo ) sube al barco de turbinas sonoras, corre por las planchas de la
cubierta de primera clase, salva con dificultad la escotilla mayor y en una cabina, donde un
hombre triste bebe coñac y escucha la sirena de partida, remonta por la costura del pantalón,
por el chaleco de punto, se desliza hasta el codo y con un último esfuerzo se guarece en la
palma de la mano derecha, que en ese instante empieza a cerrarse sobre la culata de una pistola.
Las líneas de la mano Selección: Manuel Rodríguez |