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Ciudades
El último libro de poemas de José Luis Esparcia.
Ciudades está construido con cincuenta y dos poemas que evocan a trece ciudades
con plano callejero, y que van desde Atenas a Oslo y de Nueva York a Buenos Aires,
más alguna sin mapa porque tiene rostro humano y a otra que es la Tierra toda, por
ser ésta la ciudad ideal del poeta.
También se evocan a un reducido grupo de poetas, amigos y amores, en unos versos
que son el instrumento escogido por al poeta cordobés José Luis Esparcia para
darnos cumplida cuenta de su pasión viajera.
Las ciudades a las que presta mayor atención son Lisboa y Córdoba, no sólo porque
les dedique mayor número de poemas, sino porque el sentimiento es más intenso.
De Lisboa nos indica que jamás sería lo mismo de no haber vivido y escrito de ella
Fernando Pessoa, porque él nos hace percibirla en toda su melancólica complejidad,
sucede algo similar con Córdoba y sus silencios llenos de fragancias, a la que busca
sentido en la voz de los poetas que la quisieron antes que él.
En fin, que el libro nos explica que van a tener tanta importancia para la vida de
las ciudades y de sus ciudadanos las agudas observaciones e ilusionadas utopías de
los poetas, como las pérfidas acciones de promotores inmobiliarios y corruptos
políticos en comandita.
Los poemas están compuestos en versificación libre, carecen de unidad métrica y de
rima, por lo que la musicalidad del poema se logra con un ritmo interno construido
a base de sonidos, silencios y pausas.
Esta técnica permite sorprender al lector y transmitirle, al mismo tiempo, información
y emoción, al alejarle de la modorra que produce la artificial reiteración de palabras
y sonidos redundantes.
La vieja técnica de la poesía rimada heredada por los poetas de juglares y cantantes,
hace esperables los sucesos posteriores y decrecer el interés de los lectores.
Eso es lo que afirma mi amigo, el librero y poeta gallego Juan Seoane, y tiene razón.
La poesía de Ciudades es intimista, llena de recuerdos en claro/oscuro y nostalgias
esbozadas.
Siempre pone el acento en la huella humana que ha quedado en la memoria de cada lugar,
no hay descripciones físicas, no se habla de trazas, ni de plantas, ni de calles, ni
de volúmenes, ni de texturas, ni casi de colores (se trata de un libro en blanco y negro,
con pinceladas de una gama básica), sólo se permite una licencia poética cuando
habla "del color del sur".
En fin, que no se ocupa del urbanismo, ni tan siquiera de la arquitectura, ya sea
singular o anónima, se ocupa de la urbanidad, de cómo al viajero le emociona un lugar
ajeno a lo cotidiano por la presencia de alguien querido o por la ausencia del que se
admira.
Sería fácil aproximarla a corrientes contemporáneas de la poesía, como es la escuela
de la Poesía de la Experiencia, sobre la que ejerce su incontestable autoridad y magisterio,
el inspirado poeta granadino Luis García Montero.
Inspirado al modo que se refería Luis Cernuda a Manuel Altolaguirre, poseído por su poesía.
Así es como José Luis aborda su tarea de creación.
Su acento es absolutamente personal, como no podía ser de otro modo, porque eso es lo
que interesa de la acción creativa, dejar constancia de nuestra propia visión, al margen
y sin olvidar nunca lo recogido por la historia, la tradición o las escuelas.
Además tiene "pellizco", término usado entre los buenos aficionados al flamenco y de los
que forma parte el poeta, para definir la expresión de un cantaor que te apuñala el alma
cuando se duele en un cante.
Su sentido de responsabilidad cívica, que le compromete con el destino de los desposeídos,
emerge ocasional y vivamente en alguno de sus poemas e impregna buena parte de su producción.
Se trata de un libro muy recomendable para quien guste de leer serenamente, sin buscar
efectos espectaculares, ni grandes novedades, sino un lento y atento pasear por el entorno
físico y las cosas humanas que nos rodean y desearíamos mejorar.
Ha sido editado por Alfa Sur, editorial que tiene en su haber un catálogo en el que presta
especial atención a la poesía de hoy día.
Recientemente ha publicado la obra última de José Cercas y Carlos Álvarez.
Fernando Ferro
23 de Junio de 2006
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