© Fernando Ferro.
Vigo, cidade anarquista


Hay grabadores que realizan su labor con cariño, cuidando el soporte, las tintas, la impresión, el mensaje, el título, en resumen, la manera de presentar un trabajo completo y finalizado a los demás.
Cuando esto ocurre la obra queda cubierta de un manto de dignidad que no pasa desapercibido para ninguno de los observadores.

También hay grabadores que disfrutan y se divierten durante la realización de su obra, y hacen que ese bienestar se transmita al espectador de su obra.

En raras ocasiones se encuentran grabadores que no pretenden impresionar a nadie con su trabajo, simplemente lo muestran, con un cierto grado de timidez, para compartir su obra con otras personas, enseñar aquello que ellos elaboran con amor.

Estas raras características se dan y además unidas en el trabajo de Fernando Ferro como grabador.
Siempre hay que ir allá donde Fernando, se atreve a mostrar su trabajo.
Un aire fresco nos recibirá al contemplar su obra.

Pero no queda ahí la cosa, en este caso el grabador pretende y consigue hacer partícipes de su alegría a las personas que le rodeamos.
Su intención es crear alrededor de una excusa, en este caso, una exposición de sus grabados, un ambiente que anime al diálogo, al encuentro de personas que no se conocen, que viviendo en mundos paralelos, tienen algo en común.
Fernando ser encarga de hacer los trasvases adecuados para que la información, el diálogo fluya sin interferencias.

Contemplar los grabados de Fernando Ferro, nos proporcionan dos placeres.
Por un lado, hemos contemplado unos grabados limpios, bellos, atractivos, sencillos, aquellos grabados que todos queremos tener cerca de nosotros.
Por otro, hemos tenido la ocasión de entablar conversación con personas, de las cuales no teníamos ni la más remota idea de su existencia.


Un lugar para realizar una exposición: Contraluz, situado en un barrio con personalidad, el barrio de Malasaña, concretamente en calle de la Palma, 47, en Madrid.
Contraluz es una tienda de enmarcado, con un espacio para realizar exposiciones.
Pero siendo un lugar recoleto, en el mismo están perfectamente diferenciadas las zonas propias para la exposición y las del negocio de enmarcado.
Esto evidentemente es algo de agradecer, ya que habitualmente, los lugares de exposición en tiendas dedicadas fundamentalmente a otras actividades, suelen descuidar, y mucho, el espacio dedicado a la exposiciones.
La persona que expone su trabajo a uno de estos inapropiados lugares, suele arrepentirse de su osadía, ya que parece ser que lo que consigue con la presentación de su trabajo en un lugar como ese, no es la muestra de un trabajo elaborado y amado por su autor, sino la decoración de un lugar dedicado a otra cosa.
Esta sensación no la tendrá nadie que decida exponer en este lugar.
El lugar para la exposición es digno y aunque un tanto escaso, es limpio y cuidado.


Manuel Rodríguez, Mayo 2005