Juan Pablo Ferrero
Tarot - California, 1993
De la serie "Después del oro"


Jornadas de convivencia fotográfica

09:00 horas - Arriba, nos levantamos
10:00 horas - Desayuno
11:00 horas - Información, estudio y análisis de contenidos
12:00 horas - Recorridos fotográficos. Ejercicio propuesto por los asistentes
15:00 horas - Comida. Hay que reponer fuerzas
17:00 horas - Jornada de reflexión, visionado y comentario sobre los diferentes trabajos
20:00 horas - Tiempo de descanso

Las jornadas se desarrollarán en un marco incomparable que anima a la convivencia.
Se visitarán algunos lugares de interés próximos al enclave de las jornadas que se alternarán con tiempos de descanso y reflexión.

Por si acaso hay algún lector despistado le aviso que lo que acaba de leer no es una rancia hoja parroquial de la posguerra en la que se anima a los feligreses a asistir a unas jornadas espirituales.
Ni una arenga de la OJE animando a los chavales a participar en las actividades.
No, propuestas parecidas se ofrecen desde hace algunos lustros a fotógrafos que deseen dejarse guiar para profundizar en el estudio de determinados contenidos fotográficos.

Este asunto no tendría mayor importancia si no fuera porque desde hace aproximadamente un par de años me encuentro casi a diario con algún correo en el que se me ofrece la asistencia a alguno de estos cursillos o talleres en santa paz y armonía rodeado por marco un incomparable, previo paso por caja, donde se piden cantidades en torno a los 400-600€.

¿ Y qué es lo que se ofrece ?
Los propuestas son variopintas (animo a ojear Internet) y las suele impartir uno de los iluminados de turno dentro del mundillo fotográfico, supuestamente experto en la materia.
Podemos encontrar desde comisarios (perdón ahora les gusta llamarse curators, dado el tufillo represivo del primer término) ávidos por asesorar a sus pupilos en el arduo recorrido que supone la comercialización de sus trabajos, hasta especialistas en cualquier tipo de género o subgénero fotográfico.
Y según se me informa siempre hay incautos dispuestos a bailarles el agua, en santa convivencia.
En algunos casos sería necesario llamar a la familia íntima para obtener algo de información sobre el lumbreras que oficiará los actos.

Con esta breve reseña, lo único que pretendo es llamar la atención sobre un fenómeno que se está desbordando en los últimos años, como es la proliferación de cursos, cursillos y talleres a cual más variopinto.

Tras la aparición del digital, muchos profesionales y aficionados se encuentran desorientados, creándose un caldo de cultivo adecuado para que más de un avispado haga su agosto a costa de ellos.

Personalmente ya fui víctima de una estafa, no por asistir precisamente a un cursillo, sino por presentarme a los Descubrimientos en Phototespaña 2003, donde previo pago de 100€ me dejé aconsejar por dos individuos que ni siquiera yo los había elegido y a los cuales tampoco me apetecía enseñar mi obra conociendo su campo de trabajo.
Los dos profesionales que más me interesaban no asistieron.

Por último, decir que hay un gran número de profesionales (cuya obra conocemos muchos fotógrafos) cuyos cursos y conferencias son siempre un aliciente para seguir dedicándose a este oficio.

Juan Pablo Ferrero
Noviembre de 2004


juanpife@eresmas.com