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La abuela Petra y el abuelo Alfonso en su casa de Ayala, 1916.
Fotografía cedida por su nieta Clemencia,
para la exposición Álbum familiar,
Certamen de la Obra Social Caja Madrid.
La Casa Encendida, hasta fin de septiembre de 2004
Bajé por las escaleras de mármol del sobrio portal, miré
de reojo la mesa camilla de la vivienda del portero
situada en el sótano y luego vi que fuera los últimos rayos
de luz perfilaban los balcones de la calle Ayala.
Luego me dirigí a la exposición fotográfica denominada
Álbum familiar, a cuya inauguración me había invitado
Myriam de Liniers.
Tomé un taxi en La Castellana y recorrí con placer el
centro de la ciudad con el Sol del atardecer.
El fin del luminoso paseo terminó en la denominada Casa
Encendida, sede de la exposición.
Un hilo de luz que parecía conducir mi mente me llevó
hasta una pequeña placa fotográfica de vidrio expuesta
en la sala que tenía la siguiente leyenda:
La abuela Petra y el abuelo Alfonso en su casa de Ayala, 1916.
Los jóvenes posan en el balcón con un niño en brazos, él
con uniforme militar y ella con túnica azul bordada, él
con bigote y ella con moño a lo Raquel Meyer.
Están ligeramente vueltos hacia el niño, la luz solar
resbala por los hombros y las espaldas después de haber
tocado sus cabezas, los colores suaves y dorados matizan
la escena.
Las contraventanas de madera y los azulejos del suelo
recogen la luz formando un marco entorno a las figuras,
al fondo se ven los balcones de la casa que está en la
acera de enfrente.
Su nieta Clemencia ha presentado la fotografía a este
certamen organizado por la Obra Social de Caja Madrid,
en él se han recogido cien fotografías realizadas entre 1839
y 1939, periodo que comprende los cien primeros años de
la fotografía.
Myriam se ha ocupado de organizar la exposición recreando las
habitaciones de una casa al estilo de la época.
La fotografía del balcón irradia una luz deliciosa y parece
que hubiera una pequeña ventana detrás de la placa, en la
pared donde está colgada.
Algunos visitantes de la exposición se colocan junto a mí
y manifiestan su deseo de haber conocido al autor para
preguntarle la técnica empleada.
Myriam se ha acercado y me ha comentado que efectivamente ha
hecho un hueco en el muro introduciendo una luz oculta.
Esta placa es para mí una ventana al pasado, al mundo doméstico
y familiar, al balcón de la casa de mis abuelos y al olor del
membrillo en la ropa.
Esta fotografía me recuerda que la calle Ayala, como tantas
otras, ahora tan nuestra rutinaria y cotidiana, se ha visto
recorrida por ciudadanos que de forma habitual la han cruzado,
recorrido y habitado, aquellos que un día llegaron y otro día
se fueron sin que apenas lo supiéramos.
Por tanto se trata de una ventana a la propia vida, a los
recuerdos y a las pequeñas celebraciones que recogemos en
nuestros álbumes de fotografía.
La belleza de la imagen contiene una emoción luminosa que
envuelve a la familia.
Imagino el pensamiento del fotógrafo y el deseo de Petra y
Alfonso de asimilar con ayuda del retrato de familia la
llegada del hijo.
Imagino a la pareja expresando su felicidad al autor de la
imagen, y a éste buscando la complicidad de los rayos del
Sol para organizar en el balcón una escena de futuro prometedor
aquel hermoso día de 1916.
En mis ojos veo mezclarse pasado y futuro mientras me concentro
en este momento presente.
Parece que dentro de la imagen y en el momento familiar el
protagonista es el niño, sin embargo no sabemos su nombre,
conocemos el de sus padres y sabemos que Clemencia es la nieta
de Petra y Alfonso.
Así el niño permanece encapsulado en una incógnita del tiempo.
Pienso también en la mujer que ha sacado esta fotografía de
su álbum familiar para mostrárnosla.
Hacer fotos es una manera eficaz de asumir las circunstancias
que se van asociando a nuestras vidas, hablar de ellas,
mostrarlas, hacer que otros hablemos o escribamos sobre éstas
es una manera de compartir los propios deseos de asimilación
de la historia personal, de la vida y del mundo en general.
Tal vez, la parte más intensa de la fotografía sea realizarla
y la más hermosa mostrarla.
Mientras deambulo por los salones de la supuesta vivienda
recreada en la exposición me observan miradas de antaño, ojos
de aquellos que fueron conscientes de posar para la posteridad,
aquí estamos en una de las estaciones de su posteridad.
Después de haber sido recogidas en el catálogo y expuestas en
esta sala, las fotografías saldrán de gira por otras salas de
exposiciones, después serán devueltas a sus familias montadas
en los marcos en los que ahora se exponen.
Entonces volverán a formar parte del patrimonio familiar y
personal de donde salieron.
Madrid, 2004
Margarita González
Licenciada en Bellas Artes
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