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Cibrao - Ourense
© Rosa Veiga

Cibrao - Ourense
© Rosa Veiga
Incendios en Galicia
Hace dos inviernos, el negro del chapapote cubrió la costa
de Galicia y todos supimos lo que había ocurrido y nos
preguntábamos ¿por qué? hasta obtener respuesta.
Aquel mismo invierno y durante la primavera siguiente,
ya en el año 2003, unos pocos -entre ellos casi todos los
habitantes de esta provincia ourensana- se percataron de
que el negro se había transformado en el color alternativo,
y casi permanente, al atractivo verde natural de Galicia,
ya que, en verano y con puntualidad anual, también el negro
estaba en el paisaje interior gallego.
Se acuñó la frase "los incendios son el Prestige del monte
gallego" con poco éxito aunque era real.
Este año 2004, la cita con el fuego se adelantó debido a
la falta de lluvias y ya en Semana Santa, y luego en junio,
julio y agosto, una gran capa negra cubrió los montes de la
cuarta parte de los municipios de la provincia de Ourense,
sin hablar de otros tres de Lugo (O Saviñao, Ribas de Sil
y Quiroga) y otros dos de Pontevedra (As Neves y Ponteareas).
Según los datos del Ministerio de Medio Ambiente, en los
seis últimos años, la provincia de Ourense es la que más
incendios sufre de toda Galicia, y esto es algo que fuera
de aquí pocos saben.
Pues bien, este verano se desató la catástrofe, porque creo
que así se debe llamar al fenómeno incendiario y a sus
consecuencias.
Las consecuencias, fueron, en sólo 20 días de julio y agosto,
miles de habitantes de más de 30 pueblos pasando noches sin
dormir ante sus casas, con cubos de agua, mangueras y tractores,
vigilando el avance de las llamas.
Más consecuencias: desalojo de cinco viviendas habitadas en
Banga (municipio de O Carballiño), dos más en Seixalbo, a
cinco minutos de la capital ourensana, otra en Ramirás,
varias carreteras locales cortadas por el humo y las llamas,
la carretera nacional 540 de Celanova a Portugal cortada
durante cinco horas, la carretera nacional 541 de Ourense a
Pontevedra con tráfico restringido, la autovía A-52 Rías Baixas
y la carretera nacional 525 paralela a ella, cortadas en Verín
durante horas ...
Además, numerosos pueblos sin abastecimiento de agua por quedar
calcinadas las canalizaciones, viñedos quemados, pinares desde
luego, pero también bosques de robles y castaños, cientos de
animales desplazados o calcinados, hombres y mujeres salvando su
cosecha de trigo gracias a que se centraron en hacer una zanja
para separar el fuego de sus campos ...
Y también, un piloto de una avioneta de extinción fallecido
mientras trabajaba en un incendio en Beariz, varios forestales
con quemaduras leves, un helicóptero caído al engancharse en un
tendido eléctrico invisible debido al humo de un incendio ...
Este rosario, cotidiano cada verano, aumentó este año y parece
que alguien más que nosotros empieza a percatarse de él.
No hablamos de grandes superficies quemadas como en Huelva, pero
sí hablamos de cifras similares a las de Valencia, donde ardieron
más de 700 hectáreas.
En el noroeste peninsular sufrimos este año varios incendios de
más de 500 hectáreas, algunos pasaron las mil, y la mayoría pasa
de las cien hectáreas (para entendernos, una hectárea equivale a
un campo de fútbol) ... y la palabra catástrofe está en boca de
sindicatos, políticos, grupos ecologistas y trabajadores forestales.
¿Vale todo esto para aprender a ver más allá de las humaredas que
vemos salir de los montes?.
Debajo del humo que vemos desde las carreteras gallegas hay personas
y bosques en momentos críticos de su existencia.
Ourense, 15 de agosto de 2004
Rosa Veiga
Más información:
http://www.vieiros.com
http://www.burlanegra.org

Seixalbo - Ourense
© Rosa Veiga

Seixalbo - Ourense
© Rosa Veiga

Seixalbo - Ourense
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Moldes - Ourense
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