11 de marzo del 2004
tercera entrega



 
 

Ansel Adams:
En medio del horror y la pesadumbre


Amsel Adams

Las fotografías de Ansel Adams siempre me han producido una emoción especial.
Algo que, tristemente, cada vez menos cosas consiguen: que me toquen el corazón.
Sus bosques, sus cielos, sus cascadas, sus montañas, llegan a proporcionarme ... una especie de beatitud, de calma feliz, de exaltación por el simple hecho de estar vivo.

Amsel Adams

Lo más cercano que me viene a la memoria es algo parecido a cuando mi mujer me comunicó que íbamos a ser padres.
Recuerdo que durante toda la tarde estuve con una sonrisa floja, todo me parecía bonito, de color de rosa, que iba pisando baldosas negras y amarillas por la calle.
Me sentía especialmente contento de poder caminar, ver, respirar.
Tenía ganas de decir a todo el mundo lo contento que yo estaba en aquellos momentos.

Amsel Adams

Debo decir que mis conocimientos fotográficos son prácticamente nulos.
Tal vez por ello lo que me transmiten las fotografías de Ansel Adams siga siendo algo primal, único.
Para mí, al menos, insuperable.
Y posiblemente por ello sostengo ahora este libro entre mis manos: el catálogo de la exposición que tuve la ocasión de presenciar el pasado verano en A Coruña, en la Fundación Pedro Barrié de la Maza, de parte de su obra.
Quizá con la esperanza de que las fotografías que contemplo me sigan tocando el corazón, continúen siendo un anclaje con este mundo, un asidero con mi familia, con mis amigos, con todas las personas que me rodean, con todas las cosas que me gustan.

Amsel Adams

Porque hoy más que nunca necesito que algo, alguien, me diga que es estupendo estar vivo.
Que merece la pena luchar por estar vivo.
Que merece la pena luchar por una vida digna, en convivencia respetuosa con nuestros semejantes.
Porque hoy es 12 de marzo de 2004.
Y todo es un auténtico horror ...

Amsel Adams

Todo sigue siendo un auténtico horror, apenas un día después de la masacre ocurrida en Madrid, en donde cerca de doscientas personas han muerto y más de mil cuatrocientas han resultado heridas (de momento).

Amsel Adams

Bajo los efectos de la noticia, en mi cabeza no han dejado de repetirse las imágenes que todas las cadenas de televisión están emitiendo a cada instante: los trenes destrozados, los cuerpos de las víctimas, de los heridos, las tareas de salvamento y auxilio, el terror en los supervivientes, ...
Y sobre todo una sensación de asco ... de asco por la raza humana en general por tamaña barbarie, que provoca que me pregunte: "¿Cómo alguien ha podido hacer algo así?"

Amsel Adams

Tratando de atenuar un poco tanto horror y pesadumbre, me he puesto a repasar todas las cosas que tengo y que muchas veces no soy consciente del privilegio que eso significa.
Cojo una foto donde estamos Cristina, Carlos y yo.
"Cuánto los quiero", no puedo dejar de decirme mientras se me escapan las lágrimas y dejo la foto a un lado e inconscientemente desvío la vista hacia la colección de música que llena parte de la estantería.
"Lo que he disfrutado con todos estos CDs", me limpio las lágrimas y leo los títulos: "Murmur, Dark Side of the Moon, Passages, Tubular Bells, Café Bleu, Secrets of the Beehive ...".
Luego me fijo en los libros que llenan la otra parte de la estantería.
"Cien años de soledad, El palacio de la luna, Ni un pelo de tonto, La noche del cazador, Mientras agonizo ...". Lo bien que me lo he pasado leyéndolos.
Cojo al azar un grueso volumen y lo levanto, sin dejar de pensar: "¿Cómo alguien ha podido hacer algo así?"

Amsel Adams

El libro que sostengo en mis manos, como he dicho, lo compré en A Coruña.
Es el catálogo que recoge la exposición que se celebró el año pasado de Ansel Adams.
Aprovechando que estuvimos de vacaciones en Galicia, visité por dos veces la Fundación Pedro Barrié de la Maza, que presentaba en primicia mundial, organizada en colaboración por el Museo Internacional de Fotografía y Cine George Eastman House, Rochester de Nueva York, de ciento cincuenta fotografías que celebraban y estudiaban el desarrollo de la carrera artística de Ansel Adams entre 1920 y 1976, concentrándose especialmente en su etapa más fecunda, pues la mayor parte de las obras en la exposición eran anteriores a 1950.

Amsel Adams

Todas eran imágenes originales positivadas por Adams (San Francisco 1902 - 1984).
La mayoría de las obras eran vintages, realizadas en la misma época que los negativos.
La exposición incluía el primer portfolio de Adams del año 1927, con originales poco comunes denominados Parmelian Prints (papel gelatino-plata).
Era la primera vez que el portfolio se mostraba al público en su totalidad.

Amsel Adams

Según lo que he leído, Adams creó sus mejores imágenes desde un conocimiento profundo, casi místico, de la naturaleza.
La muestra incluía sobre todo paisajes, con algunas de las imágenes más célebres del Oeste Americano realizadas por Adams, entre ellas Moonrise, Hernandez, New Mexico, 1941 y Mount Williamson from Manzanar, California, ca. 1944; y una selección de retratos, bodegones y fotografías abstractas.

Amsel Adams

En mi doble visita a la exposición pude sentir eso que he dicho al principio de estas líneas: una emoción especial ... una especie de bienestar, de comprensión del mundo, de comunión con las cosas que me rodean, que muy pocas veces he sentido ...
Porque el arte de Ansel Adams, por encima de consideraciones técnicas, me parece que llega al núcleo de lo que quiere fotografiar.
No son sólo imágenes de un árbol, un bosque, un glaciar, una montaña, un río ... lo que me transmiten sus fotografías es lo maravillosa que es la naturaleza, la suerte que tenemos de poder contemplar y convivir con ese árbol, ese bosque, ese glaciar, esa montaña, ese río ...
Siempre, en esos momentos, me vienen a la cabeza fragmentos de Walden, del escritor, filósofo y naturalista estadounidense Henry David Thoreau, o de Allá lejos y tiempo atrás de William Henry Hudson, o de Mi Antonia de Willa Cather.
Ojalá que las fotografías de Ansel Adams me sigan proporcionando emociones así ... y que me procuren una pausa, tan sólo unos segundos de calma en medio de tanto horror y pesadumbre.

Amsel Adams

Fotografías: Ansel Adams
Texto: Carlos F. Castrosin







Hoy por hoy, Madrid es la capital moral de Europa.
Por supuesto no es la capital política de los europeos, ni la capital económica, ni mucho menos la capital militar, pero sí es, clara y rotundamente, la capital moral de esa Europa a la que osaron llamar "vieja" algunos que de Europa sabían muy poco y de su propia y supuesta "juventud" presumían demasiado.

Los doscientos muertos del infame atentado del 11 de marzo van a quedar para siempre en la memoria y en el corazón de Madrid, cada uno de ellos será en esta ciudad una imagen que encontraremos por las calles, cada uno de ellos una mirada que nos interrogará al pasar, cada uno de ellos una exigencia y un compromiso.

Al día siguiente, con los ojos llorosos y el dolor pegado al alma, Madrid salió en masa a la calle, con Madrid salió España entera de sus casas, con España salieron Europa y el mundo.
En muchas ciudades y pueblos al otro lado de las fronteras sonaron las campanas de las iglesias y las sirenas de las fábricas, de todos los minutos de silencio cumplidos se hicieron muchas horas de duelo, Madrid no estaba sola, España no estaba sola, una onda de solidariedad empapada de lágrimas nos reunió a todos en un clamor unánime contra la barbarie terrorista.

Un clamor general se irguió contra el terrorismo externo e interno, y también, como consecuencia ineluctable, contra los demás terrorismos de todos los colores y facciones, los del negro y los del azul, los del verde y los del marrón.

Nadie ignora que de esos colores nefastos se tiñeron nefastas camisas en el pasado, y nadie puede ignorar que hoy, bajo la capa de los mejores propósitos y de las más protectoras intenciones, nuevos autoritarismos están amenazando el mundo.
Llevan las camisas debajo de la piel pero la sed de poder es idéntica.
Los procesos han cambiado, sin embargo los objetivos son los mismos.

Hace un año millones de personas bajaron a la calle para gritar "No a la guerra" e intentar así cortar el camino a aquellos que se empeñaban en dar el nombre de guerra preventiva a lo que simplemente era terrorismo de Estado.

Muchos de nosotros estuvimos aquí, muchos de nosotros levantamos pancartas de paz y gritos de esperanza, pero la guerra no se detuvo.
Para el señor Bush y sus dos acólitos principales, los señores Blair y Aznar, nosotros, en el mejor de los casos, éramos unos pobres ingenuos, mentalmente incapaces para comprender la sublime majestad de la gesta bélica que se preparaba, y, en el peor de los casos, unos miserables traidores a la civilización occidental que no merecíamos el pan que comíamos.

No importaba que la famosa gesta bélica fuera sólo un entramado de groseras manipulaciones y falsedades, no importaba que de cada tres palabras que ellos proferían dos fueron mentirosas y la tercera dudosa, no importaba que los motivos ofrecidos para desencadenar la guerra se derrumbaran hechos añicos a los pocos días.
Empecinados en la estrategia del engaño sistemático como instrumento de maniobra política, Bush, Blair y Aznar dedicaran sus ocios y sus quehaceres a pasear por el mundo sus impagables narices de Pinocho.

El año que ha pasado entrará seguramente en la Historia como el tiempo en que más mentiras han sido dichas en el mundo.
¿Y vosotros, los miles y miles que habéis salido a la calle hace un año? A primera vista, terminadas las manifestaciones, no habéis hecho nada más que volver a casa como si, vencidos y humillados por las mañas de la mentira organizada, de repente os hubiera faltado la propia conciencia de vuestras razones.

Hoy, aquí, podemos afirmar que no fue así.
Las enormes masas humanas de protesta y reivindicación de la paz reunidas hace un año en Madrid y en toda España se fueron convirtiendo, sin que os dierais cuenta, en el río Guadiana que deja la superficie de la tierra para proseguir su camino debajo del suelo.
Y a la manera del Guadiana, el otro río oculto en que os habéis transformado ascendió de súbito, cuando nadie se lo esperaba, a la superficie.

Sucedió eso el día 14 de marzo del año 2004.
Que no tiene nada que ver una cosa con la otra, dirán algunos.
Sí tiene que ver.

Sacudidos por el dolor, ahogados por las lágrimas, la palabra Paz volvió a encontrar el camino de vuestras gargantas y el "No a la guerra" retomó su primera fuerza para luego doblarla y multiplicarla.
Lo que parecía dormido despertó y a partir de ahora nada ni nadie os podrá callar.
No a la guerra, no a la guerra, no a la guerra.

José Saramago
Madrid, 20 de Marzo de 2004.