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Gabriel Cualladó

Gabriel Cualladó
El fotógrafo español Gabriel Cualladó falleció el pasado
30 de Mayo del 2003.
Queremos rendirle un pequeño homenaje:
A Gabriel Cualladó
Recuerdo las veces que empecé un texto escribiendo: "Otra vez de nuevo, tengo
la maravillosa oportunidad de escribir sobre la obra de mi gran amigo y
maestro Gabriel Cualladó".
Pero hoy es muy distinto.
Tu ausencia la notaré siempre.
Ya no serás partícipe de su lectura y esto me entristece profundamente.
Tu gran pasión por la escritura de la luz seguirá acompañándonos y tu mirada
humanista permanecerá siempre en nuestra memoria.
Recordar ahora la importancia de tu obra no tiene sentido, pues tus instantes,
tus ensayos como tanto te gustaba denominar a tus series, forman parte desde
hace mucho tiempo de ese reducido grupo de fotografías que han descrito la
historia de España, de Valencia y de Massanassa, tu pueblo natal donde naciste,
casualidades de la vida y de la muerte, el 30 de mayo de 1925.
Es imposible recordar la cantidad de exposiciones que realizaste o los premios
que conseguiste en tus inicios, interesado en cambiar el panorama de la retrógrada
fotografía española, junto a tus amigos del grupo La Palangana o Afal, a partir de
aquellas sencillas fotografías que realizaste a tu primer hijo en 1951.
Un principio que fue la base de toda tu trayectoria, pues nunca tuviste necesidad
de buscar temas importantes, ni personas de reconocido prestigio para ir plasmando,
a través de tus fotografías, tus experiencias vividas.
Todo lo contrario con una decidida espontaneidad, nos entregaste tus escenas
cotidianas, tus familiares y amigos y esos momentos en los que se reflejan
situaciones tan naturales que solamente se pueden registrar fotográficamente cuando
uno es parte de ellas.
Tu obra es nuestro álbum familiar y forma parte de la memoria histórica de nuestro
pueblo, pues traspasan el límite de la realidad observada, para adentrarnos en nuestras
propias vivencias o en nuestros propios recuerdos, convirtiéndose en auténticos iconos
de un álbum familiar universal, donde conviven apaciguadamente las clásicas controversias
entre las preocupaciones estéticas y las inquietudes sociales.
Tu forma de mirar, que tantas veces observé, tan simple, tan directa, tan honrada,
fue un ejemplo que seguí cuando en los años setenta empecé mis andaduras fotográficas
en la etapa previa a la transición democrática y aunque queríamos cambiar los viejos
usos del documentalismo, siempre formaste parte de nuestro grupo.
No solo como un maestro, sino con tu apoyo desinteresado, comprando nuestras primeras
fotografías, o lo que más nos impresionaba en aquellos años, proponiéndonos un cambio
desproporcionado: la entrega de una de tus mejores fotografías por una de las nuestras.
Una práctica que ya realizabas con los compañeros de generación y que fue el inicio de
tu valiosa colección particular.
Cuántos libros me enviaste a través de la agencia de transporte que dirigías, qué
lecciones nos diste al poder hojear los míticos libros y estudiar la obra de los
grandes maestros, procedentes de tu preciada biblioteca.
No es casualidad pues, que cuado empecé a dedicarme a la difusión de la fotografía,
para consolidar su capacidad como una herramienta artística, una de las primeras
exposiciones que organicé fuera la tuya.
Una de las muchas exposiciones que se mostraron en todo el territorio español y muy
pronto en todo el mundo, representando uno de los referentes más importantes de la
fotografía española.
Qué maravillosos retratos realizaste en 1984 en tu serie sobre la Albufera de Valencia.
No es casualidad que tus maravillosos retratos fueran una de las primeras compras que
se realizaron en el IVAM, mucho antes de su inauguración.
Recuerdo la noche que pasamos en tu estudio, revisando tu archivo y lo difícil que fue
seleccionar solo unas pocas fotografías.
Recuerdo tu sonrisa y tu satisfacción cuando inauguramos tu gran exposición en el IVAM.
Recuerdo otros viajes a grandes museos, para acompañarte en las inauguraciones, ante la
demanda de tus imágenes para mostrarlas junto a la de otros grandes maestros.
Pero tu agradecimiento al pueblo valenciano fue mucho más grande que nuestro esfuerzo.
Nos donaste una gran parte de tu obra, un gran regalo que convierte los fondos de la
colección del IVAM en el mejor referente de tu obra.
Pero además cediste tu colección particular.
Cuantos días en tu casa catalogando tu colección.
Cómo recuerdo tu sorpresa al ver enmarcadas y expuestas muchas de tus mejores obras,
cuando el IVAM inauguró Imatges escollides. La colecció de Gabriel Cualladó.
Un depósito que has ido aumentando periódicamente, cada año, y que juntos fuimos
presentando en tantas ciudades.
Qué alegría cuando recibiste en 1994 el Premio Nacional de Fotografía otorgado por
el Ministerio de Cultura español, rodeado de toda tu familia y amigos.
Qué alegría cuando en 1998 realizaste una pequeña pero exquisita exposición en el
Espai de la Foto en Almussafes o en tu pueblo de Massanassa con motivo de darle tu
nombre al Centro Cultural, un reconocimiento que agradeciste con gran entusiasmo.
Qué alegría cuando realizaste tu última donación al IVAM de las 150 obras que formaron
la exposición que organizó el Ministerio de Cultura.
Qué alegría cuando en 2002 recibiste el Premio Alfons Roig que concede
la Diputación de Valencia ...
Cuantas alegrías compartidas alrededor de tu obra, una mirada sencilla pero particular
que siempre permanecerá entre nosotros.
Tu amigo Josep Vicent Monzó
31 de mayo de 2003
Atardecer sombrío en Sama de Langreo
Gitanilla altiva,
a solas con nuestras basuras,
brilla su mirada,
risa cómplice,
irresistible e inquietante;
entre la tierra y el cielo,
levemente su mano acapara sus tesoros...
Cielo gris entre luces blancas;
un paisaje enigmático, aterrador, lúgubre,
áspero y melancólico;
la ausencia nos observa,
limpiando nuestra mirada,
acorralando nuestra conciencia,
doliente,
orgullosa.
Josep Vicent Monzó, 1998
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