Bentalha



Bentalha, 1997
Hocine


La imagen que viene de lejos

" La foto es muy bella ", escribieron en la época.
Con tal título y la restricción a la que induce, el lector se prepara para descubrir una superchería fotográfica, una instantánea puesta en escena con el fin de dar una aparente " naturalidad ".

En realidad, ¿ qué vemos ?
Una mujer con la cara destrozada por el dolor, y la mirada, perdida en un lugar lejano, ...
La cabeza girada hacia su espalda, los ojos congestionados, la boca entreabierta: la mujer fotografiada está embargada de un dolor extremo.
Ha perdido el color, es decir la vida, y la luz acentúa su palidez de mármol, al tiempo que remarca el contorno de su cara y profundiza los pliegues de su vestido. A su lado, acurrucada o de rodillas, otra mujer - ¿ una amiga, una desconocida ? - la reconforta, un brazo alrededor de la espalda, y el otro, en el pecho, en una actitud que corresponde a los códigos gestuales y de acercamiento universales.
Sus ropajes, con el velo atributo de la virgen, y el vestido azul de la consoladora, remiten al lector occidental y cultivado a la iconografía de Cristo, esto es a la devoción cristiana.
Crispada y llena de compasión, la consoladora no dice nada, por no pronunciar palabras insuficientes que no sirven de nada, sino para exasperar el dolor.
Su mano es un elemento esencial en esta foto: expresa el contacto carnal, surgido entre las dos mujeres.
Evita, puede ser, que la mujer se desplome y, este hecho, la mantiene en toda su humanidad, en una verticalidad que es la expresión de todas las fuerzas morales.

La sombra proyectada en la izquierda del muro embaldosado, contra el cual la mujer se apoya, nos muestra un resquicio de otros personajes, sin voz, prohibidos.
No es más que el encuadre, cerrado y preciso, obtenido por el empleo de un objetivo de focal corta, que acentua el sentimiento de empatía que esta mujer hace nacer en nosotros.

Hocine, fotógrafo argelino que trabaja para la AFP, llega al lugar del drama, en Bentalha, un suburbio de Argel, la mañana del 23 de septiembre de 1997.
Policías de paisano impiden a los periodistas realizar su trabajo, los tratan de "traidores, de carroñas, que dan una mala imagen del país".
Hocine se acerca entonces al hospital donde las familias próximas han acudido con la esperanza de encontrar un superviviente cercano.
Una mujer, a punto de desvanecerse por el anuncio de la muerte de tres de los suyos, es evacuda al exterior del hospital.
Esto es lo que Hocine registra en su cliché, en medio de otras personas que esperan con angustia.
Esto no es lo que descubre al día siguiente, para su propia estupefactión ( "yo no creía haber tomado buenas fotos" ), su foto circula con una falsa leyenda, da la vuelta al mundo, con el título de " La Madonna ".
Sólamente tres días más tarde, puede ser que empujada por las autoridades, o puede ser simplemente como ella afirma, porque no quiere que su dolor sea así mostrado, cuando Oum Saad, declara a la televisión que ha perdido a su hermano, a su cuñada y a su sobrino.
Y no a sus ocho hijos, como afirma la leyenda.

La fotografía, cuyo arte consiste en sustraer las cosas a las palabras, a quitar a los seres la palabra para únicamente hacerlos figurar y, por lo mismo, los convierte en " sin nombre ", se beneficia de una capacidad de resitencia al lenguaje, que la hace " independiente, que le da su especificidad, su identidad, incluso una cierta superioridad en el discurso para significar cualquier cosa ".

Pero si nadie habla y demuestra las condiciones de realización de una imagen, esta guardará toda su opacidad, impedirá al lector de aprehender adecuadamente los acontecimientos descritos, y perderá en consecuencia su poder de testimonio.
La comprensión de un acontecimiento a partir de la fotografía será influenciado por el texto que la acompaña: esto hará inviable el análisis de la realidad.
Este es pues, el primer problema que revela esta fotografía.
La imprecisión de su texto cambia todo: hace de esta mujer embargada de dolor la alegoría de la Argelia sufriente.
La imagen de la realidad que este cliché propone, - la guerra de Argelia -, está ausente de nuestro campo de visión.
Sólo queda el símbolo por el cual el referente a sido subtitulado: el drama humano que provoca.

Pongamos un ejemplo.
Las dos nubes de humo que siguieron a las explosiones de las bombas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, el 6 y 9 de agosto de 1945, son símbolos universalmente conocidos de fenómenos atómicos. En ausencia de todo referente, es decir la guerra, los millares de muertos, estas dos fotos, más que mostrar, quieren ante todo disimular: quieren privar al lector los medios de imaginar a las víctimas.
Por esta razón, Marguerite Duras podrá declarar que en Hiroshima: " no he visto a nadie ".
Y las imágenes divulgadas más tarde por el lado de las víctimas no conseguirán jamás anular la suerte de estos dos iconos que quedarán ante todo como imágenes de la victoria.

Perfectamente equilibrada como en las pinturas a las que ella sigue sus huellas y a partir de las cuales ella crea su significación, la fotografía de Hocine llega a ser, por su texto y su composición, " por el énfasis del gesto de dolor tomado del mundo de la representación visual occidental " la imagen iniversal de la mujer y el nió víctimas de la vesanía de los hombres.
Encuentra en la tradición occidental su modelo arquetípico, la Pietá, aparecida con los primeros artistas cristianos y toda una literatura apócrifa, con el fin de colmar las lagunas de los Evangelio que pasan silenciosamente este episodio de la vida de Cristo.

Para terminar, esta fotografía de reportaje tiene otro problema, que la acompña en su percepción en el mundo occidental.
Su naturaleza documental de hecho, es un testimonio de la guerra y del sufrimiento.
Al mismo tiempo, como se ha visto, no escapa a las reglas de puesta en escena estética.
Se puede preguntar si es necesario poner en cuestión también plásticamente lo que el azar a propuesto al fotógrafo.

Esta imagen, de composición perfecta y con una luz casi bíblica, no ayudará a resolver el eterno debate: ¿ cómo un dolor tal y una gran perfección estética pueden coexistir ?.

La foto de Hocine es ante todo una muy bella imagen del destino universal del hombre que la soledad, el sufrimiento y la muerte no evitarán.

Después, y muy lejos, es una fotografía de guerra.



Comentario: Yann Henry
Profesor Coordinador de español
CNED - Rennes - Francia