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Vermeer, el papel fresson y la hija putativa

La lechera
Johannes Vermeer ( 1632 - 1675 )
Desde que nació, la fotografía no ha podido librarse de comparaciones,
relaciones y desencuentros con la pintura.
Prácticamente una vez el invento fue creado, surgió el primer
movimiento que pretendió darle cierto carácter pictórico.
Si se me permite la metáfora, con el pictorialismo se estableció
entre fotografía y pintura una relación filial.
Hasta la Primera Guerra Mundial (mucho más tarde en España)
la fotografía "artística" es un tributo de abierta admiración
hacia la que se entendía como su madre, la pintura.
Las imágenes de precursores como Octavius Hill o Margaret
Cameron, las más intencionadas de Langdon Coburn, Kühn,
Stieglitz ... pretendían ampararse en ella para constituirse
como obras de arte.
Sin embargo, vista esta relación desde una perspectiva puramente
cronológica, la teoría de la filiación nos plantea alguna seria duda.
Por ejemplo, nos aguza la sospecha Allen Hurlburt en su libro
"Diseño Foto/Gráfico".
En el primer capítulo trata del empleo de la cámara oscura que realizó
para sus cuadros Vermeer.
El mencionado aparato obligó al pintor holandés a adaptarse a unos
valores innovadores respecto al espacio y la composición, como
explica Hulburt.
Son características que luego formarían parte del lenguaje
fotográfico y que entonces fueron generadas por la que sí que es
claramente la madre técnica de las cámaras actuales.
Es decir, se pueden encontrar rasgos que pertenecen a la fotografía
en pinturas anteriores a la aparición de su supuesta "hija" y
causados por un aparato que "es" ésta misma antes de sus
posteriores "mutaciones".
En toda adolescencia se da una rebeldía ante los padres y esto es
lo que sucedió en esta familia después de la Gran Guerra.
Quizás por sospechas ante una relación que hasta entonces, con
el pictorialismo, había impedido el desarrollo de una forma de
expresión genuinamente fotográfica.
Quizás por el propio elitismo que el pictorialismo propugnaba
en sus selectos clubes.
En cualquier caso, la cuestión es que la fotografía se separó a
partir de entonces, desde un punto de vista estético,
de la pintura.
No obstante, esto supone un empobrecimiento que impide a la
fotografía el establecer vínculos de inter-representación
con su supuesta madre.
Uno de los principios creadores del mundo actual es esa interrelación
entre textos, imágenes, formatos y medios y la fotografía ( la
expresión artística postmoderna por excelencia ) no pudo verse
apartada de esta tendencia.
Casi podríamos decir que a partir de los sesenta asume la falsedad
de la filiación para hacer posible, precisamente por eso, otro tipo
de comunicación, mucho más enriquecedora, con la pintura.
Doy un par ejemplos.
Es más que evidente la influencia de la pintura, en gran medida
la española, en la obra de Joel Peter Witkin.
Además, la creación de escenarios a fotografiar ( característica de
la "staged photography" ) nos remite directamente al pictorialismo
( éste es uno de sus elementos que mejor han sabido adaptarse al
paso del tiempo ).
Este desengaño familiar también permite a Cindy Sherman sus reflexiones
sobre el retrato pictórico, a Ouka Leele sus almibaradas fotografías
( si no me gustan es por ñoñas ) o las tomas que ha realizado Bernard
Plossu con técnicas del tiempo de los pictorialistas.
El mallorquín Toni Catany, Premio Nacional de Fotografía 2001, es uno
de los artistas que más provecho han sacado de estas familiares
turbias aguas.
También mediante el uso de técnicas pretéritas, ha sabido adaptar
a su elevado sentido estético unos procedimientos que con el
pictorialismo no llegaron demasiado lejos.
En fin, para todo esto ( y mucho más, v.g.: las influencias de Pollock
en Aaron Siskind o del cubismo en los collages de David Hockney )
ha sido necesario que la fotografía se quitara de encima complejos,
aceptara su pasado y un hecho irrefutable: es una hija putativa.
( Estos son los últimos días en los que se podrá visitar la exposición
de Vermeer en el Museo del Prado de Madrid. Toni Catany expone en la
Fundación Telefónica, también en Madrid ).
Comentario: Rafael Moyano
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