El círculo abierto (1981-2008)
Isabel Cadevall

Todas y cada una de las fotografías que tomamos, encierra en si misma una historia. Nos cuenta un instante de nuestra vida, es un brevísimo relato.

En las fotografías que he seleccionado para acompañar al texto, he especulado con la posibilidad de que, al margen del relato intrínseco que contienen, el espectador podría crear su propio relato lleno de imaginación y fantasía -Washington Irving describió a los españoles del modo siguiente: El pueblo español ama la fantasía y narra, a la manera oriental, historias maravillosas.

El círculo abierto

En nuestra memoria, la palabra “relato” se encuentra vinculada a la escritura o a la palabra, sin embargo, en época moderna también se la relaciona con el cine, la fotografía, el cómic y las artes plásticas. Por lo tanto, cabe preguntarse ¿qué es un relato y qué lo diferencia de otras formas literarias?

Recorramos juntos el camino que nos llevará a estas respuestas.

De Persia a Nueva York

Los cuentos más antiguos de los que se tiene conocimiento provienen de Egipto y datan de los siglos XIV al XII a.C. La primera compilación de cuentos al estilo moderno se supone que fue realizada por Partenio de Nicea. En el siglo II a.C., Roma hace su aportación al género del relato con el poema de Ovidio Las Metamorfosis.

En el siglo X aparecen las primeras referencias a una colección de historias. Abbu al-Hassan, erudito y viajero, menciona en una de sus obras el libro persa Hezar Efsan (Mil Cuentos), que ha llegado hasta nosotros con el nombre de Las Mil y Una Noches. Boccaccio y Chaucer (XIV) componen sus fábulas en verso, abriendo, de este modo, una nueva vía de creación.

España contribuyó al relato de ficción en prosa con obras como El Conde Lucanor (1321-35) de Don Juan Manuel; el relato anónimo El Abencerraje y las Novelas Ejemplares (1613), que forman la muestra más destacable del género en la época. En ellas Miguel de Cervantes da paso a un enfoque nuevo del relato, explorando la naturaleza secular de la existencia humana.

En los siglos XVII y XVIII, el relato queda prácticamente eclipsado, por el emerger de la novela y es en el siglo XIX cuando se produce su resurgimiento casi simultáneo en Alemania, Francia, Rusia y Estados Unidos.

El relato moderno, es decir, tal y como hoy lo conocemos, tiene su origen en el Romanticismo alemán, que no solo aporta un buen número de escritores, sino también nuevas ideas. En 1795, Goethe colabora en la revista “Die Horen”, editada por Schiller, donde desarrolla un estilo que adopta algunas de las propiedades realistas del periodismo. Por su parte H. von Kleist dota de una dimensión en parte metafísica, en parte sicológica, a los problemas humanos. Sus obras, de las que cabe destacar La Marquesa de O, están recogidas en el libro que lleva por título Erzählungen (1810-11). Hoffmann, en cambio, sentará las bases del relato fantástico. Ya en mitad del siglo XIX, el representante español del romanticismo tardío es Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870), cuyos temas se relacionan con el amor, la muerte y el “mas allá”. Sin embargo, durante todo este siglo, los dos grandes focos de creación de relatos fueron Francia y Estados Unidos.

El norteamericano Washington Irving publicó en 1832 una serie de cuentos y narraciones de moros y cristianos que lleva por título Leyendas de la Alambra. Al igual que Irving, Próspero Mèrimée quedará embrujado por los parajes y las gentes que pueblan en esos años la Península Ibérica y da prueba de ello en su obra Carmen, escrita en 1845. No obstante, los grandes representantes del relato, el cuento y la narración son Edgar Allan Poe (1809-1849) y Guy de Maupassant (1850-1893). Poe escribe en 1841 su relato Los asesinatos de la calle Morgue, creando así las bases de la ficción moderna de historias policíacas y de misterio. Por su parte Guy de Maupassant publica en 1880 Bola de sebo. Este maestro de la narración objetiva, y sagaz observador de las personas, caracterizó a sus personajes con líneas agudas y claras.

Pero hablar del relato y no mencionar a Jorge Luís Borges, máximo representante de la rebelión iniciada en los años veinte contra los conceptos de realismo y realidad, seria una falta imperdonable.

Otras narraciones

Entre los relatos cinematográficos se encuentra la película Intolerancia de D.W. Griffith, que fue rodada en 1916.

“El guión de esta obra está dividido en cuatro episodios o líneas de acción, hilvanados en paralelo, que relatan cuatro historias en diferentes escenarios, en cuatro épocas diferentes de la historia, todas ellas con un solo tema: la intolerancia.”

Otro ejemplo de relato no literario es el de Will Eisner, Contrato con Dios (1978), que está considerado el primer relato gráfico de la historia del cómic.

Por otra parte, al genio de Goya le debemos la narración gráfica más directa que se tiene de la guerra. En su serie de grabados Los desastres de la guerra narra los acontecimientos desde el lado humano, sin apenas mostrar el lado bélico. Sus obras dan testimonio del sufrimiento moral y psíquico de los seres humanos en su doble vertiente de perseguido o perseguidor, mostrando la condición humana, en sus aspectos más crueles, despiadados y desprovistos de razón.

El círculo abierto y sus peculiaridades

A diferencia de la novela, el relato generalmente se concentra en un solo efecto, desarrollado en un único y significativo episodio que implica a un reducido número de personajes y en algunos casos, a sólo uno. Los personajes, a diferencia de la novela, no están totalmente desarrollados. La meta es la concisión narrativa porque la mayoría de los relatos fueron escritos para revistas y periódicos.

Quizás un título sugestivo sea el mejor reclamo para que un relato capte la atención del lector. Pero, aquello que verdaderamente lo atrae, es el carácter de las historias, anécdotas simples, vidas sencillas, hechos reales o inventados, en los que los seres humanos están descritos como individuos, con sus flaquezas y sus virtudes. De esta manera se establece una afinidad con el lector que hace posible su identificación.

Isabel Cadevall © 2005-10

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