Vida de circo
Rosario Heer

El que quiera unirse al circo, que venga

Cuando se elige la vida de circo, se elige una vida nómade que invita a reír, llorar y despierta ilusiones. Historias para creer, y para soñar. El circo, un viaje a la infancia, a la inocencia de vivir. Una manifestación cultural con riesgos de extinción, en el circo está casi todo el arte, la vida misma.

En sus 30 camiones, Circo Hermanos Servian trajina las rutas de Argentina para mostrar su cultura, su arte, su gran palacio de lona. Cien personas, 30 familias, todos en comunión para montar la estructura y luego el espectáculo. Cada uno con su rutina de trabajo y de entrenamiento. Un modo de estar y de vivir, pasando el legado de generación en generación. Los chicos, estudiantes golondrinas, acechados por la falta de cupo, asisten a las escuelas públicas de cada pueblo.

En casas rodantes, pero con enorme ductilidad, adoptan los territorios, se instalan con todo, plantas y mascotas incluidas. Un predio vacío en los suburbios de las ciudades, en sólo un par de horas, se transforma en un barrio. Al cabo, una vida como tantas, trabajo, estudio, incertidumbre económica, diversión y disfrute de la gran familia.

En la actualidad, muchos de los circos dejaron de ser itinerantes. A pesar de ello, los hermanos Servian mantienen las tradiciones de los antiguos circos. La familia Servian, está compuesta por Jorge, su esposa Elena, y sus cuatro hijos: Ivana - junto a su esposo Tino Lorenzo -, Cristian, Ginette y Gabriela. Sus nietos, Aylén, Guadalupe y Lucas. Todos realizan tareas dentro y fuera del espectáculo.

Cuando Chary Cedeño tenía 13 años, un circo se instaló frente de su casa. Y un hombre se asomó y gritó: "El que quiera unirse al circo, que venga". Y en ese preciso instante Chary se sumó sin dudarlo. Hoy tiene 45 y no para de rodar en el circo.

Los Cedeño son una familia de grandes acróbatas, con sus hijos Kenny, Rommy, Brandon y Brian. Mientras los hombres forman parte del show, Yorka, la madre, los cuida y los atiende. Sus dos hijas menores, Melanie y Margarita, son entrenadas por sus hermanos y ayudan a su madre en los quehaceres domésticos.

Anécdotas como estas se multiplican entre las diferentes familias que pertenecen al mundo del circo.

En la época de la antigua Grecia el circo servía para conmemorar el regreso de los guerreros, en donde se reunía a todo el pueblo alrededor de un espectáculo de danza, música.

Mucho ha cambiado desde aquellos días. Sin embargo, los que viven del circo se consideran guerreros, y cargan una sacrificada profesión que se compensa con la sonrisa y el aplauso de la platea.

El circo como forma de vida es elegido por unos pocos. Pero los que nacen dentro, no pueden imaginarse una vida fuera de él. Bailarines, trapecistas, acróbatas, payasos y domadores gozan rodando y actuando, y conociendo nuevos lugares. Cultores de la aventura y del placer por ser vistos y admirados.

Rosario Heer
Rosario Heer, Buenos Aires, Argentina, 1981
Residencia actual: Buenos Aires, Argentina

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