Vislumbre del género 1
J. Bielsa
Vislumbre del género 1 - J. Bielsa
Fragmento de graffiti
en el Instituto Luís de Lucena
(Guadalajara - España)
No todo es como nos lo cuentan.
Tampoco como yo lo digo, ni como tú lo piensas.
¿Qué tal si debatimos sobre ello?
La literatura tampoco es inocente.
Vislumbre del género 1
(Proust y Stevenson)

He recibido críticas, en carta de un amable lector, por las que me advierte de que mi estilo, en las columnas publicadas, decae por esa manía de subrayar los géneros, cuando es, apunta, absolutamente innecesario escribir: autor o autora, lector o lectora, muchachos y muchachas como usted hace, pues bastaría con decir: autor, lector y muchachos para que el lector diera en su entendimiento la extensión debida al término; y claro, por la cortesía que le debo a quien lee lo que escribo, reflexiono con gusto su opinión.

Mi primer pensamiento es que si sólo fuera esta falta la que pudiera empobrecer mi sintaxis no desmayaría, en la confianza de que un día terminará por acostumbrarse el oído, y que así, llegará a resultarnos agradable, clarificador y gratificante el recalcar los géneros; como cuando reforzamos una idea escribiendo la frase con varios adjetivos, ejemplo que podemos calificar de innecesario pero que resulta literariamente serio.

Dejando de lado la vanidad de contar con un lector, y para justificar ante él mi manía, debo invocar escritos que el tiempo consagró y que, tal vez sin darme cuenta, me pusieron en este camino: Que los objetos sobre que versan nuestros gustos artísticos no tienen en sí valor absoluto, sino que todo es cuestión de época y lugar, y depende de las modas, las más vulgares de las cuales valen lo mismo que las que pasan por más distinguidas. (En busca del tiempo perdido. Marcel Proust). Es el caso, aquí y ahora, que algunos usos se abren hueco en nuestro lenguaje sin cortapisas, tales como: poner en valor, como no podía ser de otra manera, para nada, y otras muletillas que pasan por atribuirse más alto pedigrí: en efecto.

Desde el nacimiento de Stevenson hasta el momento actual transcurrieron ciento cincuenta y ocho años; vivieron varias generaciones de artistas que se influyeron con pensamientos originales y que dejaron a las siguientes la posibilidad de retomarlos. Aun con ese reconocimiento deberíamos revisar, y hagámoslo siempre cuando hablemos de autores y autoras que con sus juicios seguirán influyendo en la juventud, a los que en sus escritos olvidaron a la mujer como artista, escritora o lectora, porque es característica de tiempos pasados, tristes y oscuros.

Imaginemos, en mente tan perspicaz como la de Stevenson, la sensación de ridículo a que se vería sometido si pudiera leer hoy aquellos textos de 1882, referidos a El progreso del peregrino editado por Bagster, y encontrara que las múltiples alabanzas que dice de un hombre que grabó al boj la Edición ilustrada de Bunyan, no era hombre sino mujer: Eunice Bagster, hija del editor Samuel Bagster.

Aunque es de justicia suponer que Stevenson no encontró información suficiente y pasó a atribuir los grabados al mismo autor del plano del recorrido, cuánta mejor enseñanza nos habría transmitido si se le hubiera despertado la duda y se hubiera referido a la condición de artista y no a la de hombre o mujer.

Sabido es que en aquellos tiempos tales dudas no existían.

J. Bielsa
Guadalajara, abril de 2006

pepe@elangelcaido.org

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Noviembre 2009