En este comentario sobre los Chinese Interiors de Robert van der Hilst, me centraré en la analogía de esta serie con las obras de los pintores holandeses del barroco.
A principios del siglo XVII se producen en Holanda dos hechos de importancia tanto en el desarrollo económico, como en el artístico. La llegada de los holandeses al sur de China y la creación de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, inicio de la moderna economía de mercado. Paralelamente los pintores holandeses del barroco comienzan a cultivar el género de pintura de interiores, bodegones y vanitas que los haría famosos. Fue un periodo de transición, lleno de contrastes extremos entre la emotividad y el racionalismo, causados por el materialismo que se desarrolló con la expansión colonial, el incipiente desarrollo comercial y la crisis moral y espiritual de la contrarreforma.
Cabe destacar del arte barroco holandés su inconfundible carácter burgués, fruto de su adhesión al protestantismo, despertando en los artistas del norte de Europa un interés especial por el simbolismo y el realismo visual, que encontrará su expresión más genuina en los bodegones y los interiores.
Se tiende inconscientemente a buscar puntos de referencia entre los objetos o situaciones que vivimos en el presente y el referente tácito que pertenece al pasado. Así la alusión a los interiores holandeses, que el título lleva implícito -J. Vermeer más concretamente, como apunta el mismo van der Hilst- no ha sido lo que más llamó mi atención. Esta se dirigió hacia los bodegones y en concreto a las vanitas holandesas. Definición dada a un arte de bodegón, que mostraba los objetos representados bajo una gama monocroma y austera a la vez, que pone en evidencia la limitación del conocimiento y la vanidad del ser humano condicionado por paso del tiempo, cuyo final es la muerte.
Como sus predecesores, van der Hilst ha plasmado en sus fotografías objetos cotidianos y escenas de la vida doméstica china. En estas representaciones llama poderosamente la atención la austeridad y la sensación nostálgica que de ellas emana. Parece como si el tiempo se hubiera detenido, depositando una fina capa de polvo sobre los objetos que los unifica cromáticamente, tal como sucede en las vanitas del barroco.
Van der Hilst se adentró en los interiores chinos captando en sus fotografías la esencia de la vida privada china. Lo más característico de estas imágenes del artista, en donde ha concentrado su atención, son los grupos de objetos. De este modo desaparece el interior realista, que dará paso a un espacio imaginario propio. Éste no determina un lugar ni refleja una realidad, si no que proporciona una definición lúcida de los objetos y de los espacios. Estas imágenes, cargadas de un profundo sentido estético, muestran objetos cotidianos tales como enseres de cocina, trapos, cepillos, fotografías, etc. Objetos sencillos que conforman el motivo de sus naturalezas muertas.
En cuanto a los interiores se refiere, destacaría la posición de las figuras humanas en relación a la luz natural que penetra hacia el interior, algo que también se aprecia en algunas imágenes de las vanitas. Una luz lateral utilizada por el pintor holandés Vermeer en sus famosos interiores y que van der Hilst ha recreado en sus Chinese Interiors.
A diferencia de los bodegones, los interiores de van der Hilst varían extraordinariamente, tanto en la temática como en el ambiente. Por este motivo me centraré en una sola imagen que ha captado mi atención al contener, tanto los elementos del interior como los de las vanitas.

En esta imagen, cuya atmósfera transmite el silencio y la quietud propias del arte Zen, percibimos, a través de una cortina situada en un primer plano para proteger y favorecer la filtración de la luz, un juego monocromo de luces y sombras en la habitación, " donde las sombras se encuentran incluso en las claridades y la luz en todas partes, incluso en las sombras"(1). En el interior los objetos y la figura, ajenos a las miradas que suscitan, quedan atrapados en un tiempo donde confluyen pasado, presente y futuro.