Este trabajo viene a hablar de los desheredaos, no a un nivel de clase social del cual también se podía hablar, sino de una forma de ver, sentir y sobre todo de vivir. De una forma de entender la vida, de una forma de relacionarse y entender su propio entorno, de una forma de formarlo sin seguir las pautas socialmente establecidas, de un sentimiento de libertad por encima de todas las cosas (hasta a veces de uno mismo).
A través de las imágenes se intenta reflejar ese sueño que se aleja de la normalidad, que se hace un poco raro a los ojos del espectador como si fuera un espejismo en mitad del desierto, de este desierto de carreteras y edificios, de luces y de gente, de la diferencia, del hecho de ser diferente e incluso de la necesidad, del orgullo y del propio papel que todas estas personas forman dentro, aunque estén fuera de la propia sociedad.
Desarraigados de su propia herencia familiar que no comprende a la vez que no entiende cuantos caminos diferentes hay en esta misma senda, cuantas formas de vivirlo y de buscar la propia identidad dentro de nosotros mismos.
Yo lo reflejo a través de la fotografía, de estas imágenes que muchas veces hablan por sí solas, de estos retratos que bajo mi mirada atenta y de todas aquellas personas que quieran adentrarse, hago una reflexión sobre lo que yo mismo soy, sobre lo que yo mismo me siento, un desheredado.