Mezquitas, espacios interiores
Invisibles hacia el exterior, apenas reconocibles más allá
de quienes los frecuentan, los oratorios musulmanes en Cataluña
esconden su principal simbología en su espacio interior.
Un lugar de oración y recogimiento para el creyente, geográficamente
orientado, geométricamente ordenado.
Un espacio que se define en contraste con nuestra sociedad, como lugar de
práctica religiosa, pero también de encuentro, de socialización y de
recuperación de las referencias de un origen que sigue estando
demasiado presente como para ser olvidado.
En síntesis, las mezquitas
son el principal indicador de la voluntad decidida de este colectivo por
querer mantener una identidad basada en la religión, dentro de una
sociedad cada vez más secularizada.
En Cataluña existen hoy en día unos 180 oratorios,
que cumplen una función como mezquitas de referencia para un colectivo que,
no obstante, expresa una religiosidad muy heterogénea.
Hay musulmanes que nunca acuden a la mezquita; otros, en cambio, procuran cumplir
escrupulosamente con las cinco oraciones diarias preceptivas; muchos padres llevan
a sus hijos a la mezquita para que aprendan las nociones básicas de su
tradición religiosa, pero cuando éstos llegan a la adolescencia a
veces buscan imaginativas excusas para saltarse su asistencia; en ocasiones,
las mujeres expresan su demanda para que se habilite un espacio para ellas en el
oratorio local, lo que no impide que ellas expresen su religiosidad en el
ámbito de sus hogares; muchos de los conversos catalanes al islam recuerdan
que su camino espiritual empezó tras familiarizarse con el ambiente comunitario
expresado en estos oratorios.
Puede que el colectivo musulmán sea lo suficientemente
heterogéneo como para pensar que la religión es el único
elemento que conforma su identidad.
Pero bajando al detalle cotidiano, estos espacios de culto se convierten en algo
más que lugares de expresión religiosa: devienen también
epicentros de la vida comunitaria.
O por lo menos lo pretenden ser, algo bastante difícil de lograr sabiendo
que hoy en día la presencia musulmana sigue siendo, principalmente,
consecuencia del asentamiento de colectivos de origen inmigrante.
Ya hace treinta y cinco años que se abrió
el primer oratorio musulmán en Cataluña, en el barrio de la Sagrera
de Barcelona.
Lo que en aquel tiempo fue visto por la prensa como la expresión de un
cierto exotismo, hoy en día constituye una parte importante de la sociedad
catalana real.
La prueba de que esta presencia musulmana todavía se encuentra en proceso
de construcción es que en Cataluña, a diferencia de otras regiones
españolas, no existe ninguna mezquita de nueva planta.
Esto sigue siendo un asunto pendiente para la comunidad musulmana, en su intento
por hacerse un lugar en esta sociedad.
Quizás debido a la forma de sus espacios de culto,
el islam de Cataluña es un islam tradicional, modesto, de raíz y
transmisión familiar, humilde y profundamente vivencial, que se aleja de
cualquier artificio institucional externo, y que sigue hoy en día reclamando
un reconocimiento en clave de dignidad.
Es un islam de oratorios y no de mezquitas y minaretes, construido sobre cemento
y no sobre mármol, de locales y garajes transformados en exiguas salas de
plegaria y no en relucientes edificios de nueva planta, de proximidad comunitaria
antes que de recreación elitista.
Y es en base a ello, que el islam se inserta en nuestra sociedad de manera discreta,
apenas identificada socialmente.
O al menos así parecía, antes de ver cómo
en los últimos años la apertura de mezquitas en Cataluña se ha
convertido en una cuestión polémica, tanto en lo social como en lo
político.
Las reacciones contrarias de una parte de la ciudadanía de Cataluña
a la instalación de un equipamiento religioso de estas características
en sus barrios de residencia, ha generado conflictos de significativa intensidad.
La respuesta dubitativa de algunos responsables locales en este asunto ha mostrado
las dificultades inherentes para reconocer la forma en que está cambiando
nuestra sociedad.
Mientras la sociedad catalana se interroga sobre su devenir futuro, los oratorios musulmanes siguen abiertos, como reductos de una serenidad que opone la cadencia del tiempo de la oración a nuestra acelerada vida moderna.
Jordi Moreras es antropólogo y profesor de la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona. Su última obra es Musulmanes en Catalunya. Radiografia d'un islam implantat (Instituto Europeo del Mediterráneo, 2008).