Los animales salvajes desconocen fronteras y espacios limitados.
Necesitan correr, cazar, escapar de sus depredadores, migrar, invernar, etc.
Sentirse animales en definitiva.
El hombre, con su ansia de conocimiento y posesión, los
encapsula en pequeños escaparates y los transforma en
maniquíes animados.
Estos espacios llamados Parques Zoológicos son la
proyección del egoísmo humano por la curiosidad.