Inverso-símil surge con la intención de representar una realidad
moldeada, a través del uso "malintencionado" del reflejo.
En esta serie, los charcos de agua resultan espejos recurrentes del mundo de las
cosas; pero estos no sólo imitan la realidad externa que reflejan, sino a
su vez, revelan el universo que yace sobre el concreto y la tierra que están
abajo; y también descubren aquel universo que se anuncia y se abre en las
orillas del charco, el que acecha en las riberas del asfalto.
En su conjunto, las fotografías dibujan en el espectador una delgada
línea entre reconocer lo que es la realidad, y aceptar lo que consideramos
como real, pero que en realidad no lo es. De este modo, el reflejo constituye el
perfecto generador de ambigüedad visual, donde el espectador se ve curioso,
cautivado y retado a descifrar el engaño.
En este acto estético, Inverso-símil pretende romper con los paradigmas
visuales y mostrar una antítesis de la visión común del orden
natural de las cosas en nuestra sociedad moderna. La serie busca componer de una
manera no conflictiva, nuevos paisajes y situaciones urbanas partiendo de las ya
existentes; entendiendo que cualquiera de éstas pudieran existir de forma
constante, recurrente pero desapercibida, en el día a día de cualquier
ciudad. Naturalmente, como resultado del encuentro entre obra y observador, el
espectador persigue incansablemente la intervención reguladora de la
razón, generándose una lucha entre sus paradigmas y sus códigos
de reconocimiento.
En conclusión, Inverso-símil consiste en darle un empujón al
mundo para voltearlo, sólo para comprobar que él seguirá
volteándose hasta el infinito; y una imagen que aparenta ser una
manipulación digital, no es más que una fotografía preconcebida
para existir al revés. En fin, en estas imágenes asistimos a la captura
de la bisagra del mundo, de los mundos.