
Vanidad
Entre la verja del jardín y la entrada, había un camino asfaltado.
Le abrieron la puerta del coche y saludó levemente a aquella persona de
la que no recordaba su nombre. Cuando se desnudó y antes de meterse en el
jacuzzi, se miró al espejo y pensó, sólo por un momento,
en los 800 trabajadores que había despedido aquella mañana.
Se recriminó por haber perdido la sonrisa durante un segundo y ya sólo
le preocupó elegir el traje que se pondría para la cena.