¿Un destino por un acento?
J. Bielsa
¿Un destino por un acento? - J. Bielsa
Graffiti en el parque
de la calle Camilo José Cela
(Guadalajara - España)
No todo es como nos lo cuentan.
Tampoco como yo lo digo, ni como tú lo piensas.
¿Qué tal si debatimos sobre ello?
La literatura tampoco es inocente.
¿Un destino por un acento?

No había otro camino. Sin pretenderlo he vuelto a topar con las palabras, otro asunto relativo a las verdades eternas. Se empeñan en decirnos que pensamos con palabras -Borges aseguraba adivinar un destino por un acento- y acaso tengan razón.

Escribe claro el que concibe e imagina claro; con vigor, quien con vigor piensa, por ser la lengua un vestido transparente del pensamiento; y hasta cuando uno, preocupado por el deseo de hacerse estilo, se lo forma artificioso y pegadizo, delata un espíritu de artificio y pega, pudiendo decirse de él lo que de las autobiografías, que aun mintiendo revelan el alma de su autor, decía don Miguel, con la claridad y el vigor de su escritura, y delataba así su sentimiento íntimo de que sólo el hombre escribe, dejándonos la duda de si la mujer garabatea o se limita a copiar: Y doña Emilia, discutiendo conmigo y a tomar notas para meter expresiones mías -¡y qué fielmente!- en Los tres arcos de Cirilo.

También con claridad y vigor, quizás porque el rasgo fuera producto de la época, decía Ortega: Definimos el lenguaje como el medio que nos sirve para manifestar nuestros pensamientos. Pero una definición, si es verídica, es irónica, implica tácitas reservas, y cuando no se la interpreta así produce resultados funestos.

Con cuánta frecuencia encontramos en las generaciones anteriores cercanas las influencias que dejaron en nosotros. Uno de los hechos que denotan tales influencias, se presenta cuando apoyamos nuestras ideas en aquellas que otras personas de reconocido talento formularon anteriormente, si bien es cierto que reparamos con facilidad en las que nos son afines y pasamos por alto, e incluso desdeñamos, las que nos son contrarias.

Nuestra educación tiene la culpa. Siempre nos parecen las cosas más reales e intensas cuando podemos aplicarles las frases hechas de alguien. Es el resultado de una educación superior. (Huxley)

Hay quienes se quejan de que su idioma no tiene palabras suficientes para representar su pensamiento, o el pensamiento de los poetas: El poeta húngaro, al cavar en las capas más profundas de su conciencia, no siempre encontraba palabras o términos apropiados para describir un fenómeno nuevo: era como si la lengua se hubiera quedado adormilada, somnolienta, en algún lugar lejano del siglo pasado (Sándor Márai), aunque también podemos encontrar a los que sustentan: Hemos convenido en que la riqueza de vocabulario es una excelsa cualidad del escritor, e instintivamente nos colocamos al lado de Nietzsche, cuando encarece la pobreza de léxico como signo de señorío en el estilo. Con un mínimum de voces y de giros, expresar el mayor número de sutiles matices: esa es la verdadera fórmula (Azorín).

Lo que muestra que podríamos estar deambulando de un lado para otro en la confusión, terminando por aceptar aquello que resulta más afín a nuestro criterio -caso de tenerlo formado- si nos limitáramos a leer a pie juntillas y no fuéramos capaces de establecer diálogo, esto es, reflexión, para aceptar o discrepar de las ideas expuestas. La literatura tampoco es inocente.

J. Bielsa
Guadalajara, octubre de 2008

pepe@elangelcaido.org

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Junio 2009