En el Perú reside el ombligo del mundo, el flechazo infinito, el apego a la
tierra, la magia.
En el Perú reside todo lo que uno ya sabía que tenía, todo lo que sabía que le
faltaba y lo que se sabe, pronto vendrá.
Alguien comentó una vez que el Perú es tierra de rarezas y contrastes. Y es cierto.
Perú va del escándalo nocturno limeño, al silencio ventoso de los Andes. De las madrugadas
de cantos de gallo de Taquile, a los perros trasnochados en Arequipa. Si eres calvo,
en el Perú, incluso puede volverte a salir el pelo.
Vivir un viaje es extrañarse de uno mismo para acabar reconociéndose en cada rincón.
Este es mi Perú.