
Recién creado el Ministerio de Igualdad, su titular, Bibiana Aído, pronunció en el Congreso estas terribles palabras: "los miembros y las miembras", para referirse a los hombres y mujeres que formaban parte de alguna comisión. Digo terribles por las burlas que desataron.
El asunto no era más que un intento de introducir el debate de género, pero la ministra no presentó el intento en sus raíces sino en uno de sus infinitos efectos y, desde luego, lo sacó a la luz con demasiada premura y sin justificación aparente; y ante la amenaza de la tormenta de burlas, tanto éstas como el propio discurso se silenciaron en los medios. ¿Fue este hecho un ejercicio de censura? ¿Un ejercicio de autocensura en el que los censores de oficio fueron suplantados y complacidos? ¿Quién perdió con esa maniobra?
El meollo de las que supongo sus raíces en el lenguaje por más que consulto textos no llego a encontrarlo, y a mi entender es tan sencillo como decir que: la dominación del hombre sobre la mujer se reflejó en el lenguaje mediante la imposición de la palabra que designaba al hombre para referirse a toda la especie humana, haciendo invisible y silenciando a la mujer. Pero hablarlo abiertamente es uno de los tabúes de nuestra civilización y se paga con la excomunión ferendae sententiae de la Academia. Tal vez sea ahí donde deba darse el debate, pero todo indica que Bibiana Aído perdió la ofensiva al sucumbir ante la censura.
La censura tomó el único camino viable: la burla, porque no es posible la defensa de un tabú. Un tabú que es cuestionado no tiene defensa, se convierte en humo. Era necesario silenciar el tímido y tal vez erróneo intento de la ministra.
Los gestos y las palabras de burla como censura llegaron de algunos miembros de la RAE. Por ejemplo el titular, desde el 20 de junio de 2004, del sillón j prestó su rostro furibundo a la televisión para ridiculizar el hecho. Parecía vislumbrarse un enfado tras su entusiasmo en la burla; como si se recordara a sí mismo: ¡Vaya, con lo que he tenido que disciplinarme para aceptar la norma, el método, las reglas de la sociedad, ahora llega una mujer y pretende cambiarlas!
Concedamos que el sillón j no sea intrínsecamente reaccionario, pero ha sucumbido al síndrome. Su actitud de burla es comprensible desde el punto de vista de quien se ha imbuido de un sistema caracterizado por el despotismo. La actitud de censura mediante la burla se comprende cuando se ha incorporado, se ha aprehendido, un sistema tal con el esfuerzo de toda una vida. No es fácil consentir en que vengan a invalidar algo que le costó tantas lágrimas.
El hecho de condenar a la invisibilidad gramatical durante siglos a cualquier ser humano, y la infinidad de repercusiones que conlleva, entre ellas la cosificación y sus derivados, debería ser calificado de indeseable y pasar a ser el objeto a censurar, no por moda sino como medida de restitución.